Atardecer en el salón verde

ATARDECER / LOBBY 
[Dos personajes -hombre y mujer- entran por la puerta principal de una amplia habitación. Colocan los abrigos en el perchero junto a la puerta y se sientan en los dos únicos sillones individuales a la mitad del salón, enfrentando un balcon entreabierto. Dos burós, uno de cada lado, una mesita de centro y un reloj de pared son todo el mobiliario]

MUJER
-Qué agradable cuando los espacios son espaciosos y los techos tan altos.

HOMBRE
-Si, indudablemente.

[El anfitrión prepara té para él y su acompañante]
[Por el balcón puede verse a través de las cortinas -que suavemente son movidas por el viento- el final del atardecer, más azul que naranja][Sonido del agua caliente llenando la tetera][Vapor de agua]

HOMBRE
[Él sirve las tasas]
-Justo el tiempo necesario para que repose en el agua.

MUJER
-Está bien si se deja un poco más, amarga, pero el té verde es muy saludable. ¡Qué calor hacía esta tarde! esto ya no parece invierno, tendremos que esperar hasta enero para poder sentir un frío verdadero.

[Ambos esperan sentados en los sillones. El voltaje variable de la luz recién encendida, hace que la lampara del techo parezca latir cual músculo cardiaco. El silencio alrededor y el crujir constante del reloj de pared incrementan la sensación. El verde del papel tapiz sobre los muros da a toda la habitación el aire de una época ya extinta, de cierto tiempo más orgánico, más pacífico.

A la distancia comienzan a escucharse unas voces, estas charlan de manera cotidiana, casi falsa. Coincidencias de los vecinos que se encuentran a la salida o entrada del hotel.  

Sobre un buró justo al costado izquierdo de uno de los sillones, un jaguar de madera mira perpetuamente hacia el techo, apuntando los ojos a la lampara de cristal rojo. La luz que lo baña deja ver su cuerpo moteado con tinta china. El hocico entreabierto del animal lo hace simular sed]

MUJER
-Necesito un vaso con agua para beber, por favor. Fresca, de ser posible.
[El hombre se levanta y desaparece por otra de las puertas]  [Comienza a escucharse una variante de la Rapsodia en Azul de George Gershwin][Él vuelve con el vaso de agua]

HOMBRE
-¿Fue el gato verdad? quien le provocó la sed.

MUJER
-No, fue el calor de esta tarde. ¿A qué hora llegará Martha?

HOMBRE
-Parece que no llegará. El sol se ha puesto ya.

MUJER
-Siempre llega a tiempo, bueno, casi siempre. De cualquier forma no la necesitamos ahora.

HOMBRE
-En efecto. Nos han abandonado aquí, literalmente. Ojalá algo más interesante se le hubiera ocurrido.

MUJER
-Y ojalá no dependiéramos de nadie, con tal de hacer de nuestra voluntad.

HOMBRE
-Al menos tenemos la música.

MUJER
-Y el té.

[Risas de ambos] 

Trivia

¿Qué sucede cuando La Lujuria y La Pereza se encuentran?

Soledad

La soledad está en el corazón de cada uno de nosotros, en nuestro propio núcleo, el mismo sitio donde inevitablemente enfrentaremos un día lo desconocido (la muerte).

Incognito 1

Ninguna llamada perdida en el teléfono de casa. No es que espere alguna en particular, es solo que me parece agradable recibir una de esas de vez en vez.

[-¡No manches! ¿y qué sentiste?] Pregunta un vendedor ambulante a la vendedora vecina, después de escuchar algo proveniente de ella, algo que yo no tuve la suerte de escuchar cuando pasaba por allí.

Música de fondo (Peggy Lee con Is That All There Is?)  
[-"I'm not ready for that final disappointment..."]

Hay un perro que parece sonreír mientras cómodamente está echado sobre el pavimento, resulta enternecedor, es una mezcla de chow chow y eso lo hace ver como un oso afelpado. El perro yace muerto sobre el pavimento a la orilla de la avenida insurgentes, aún así parece que sonríe. 

Dicen que el lago Zirahuén en Michoacán, hecho de lágrimas de princesa, se traga un hombre de vez en cuando. Me pregunto si habrá algún tipo de entidad de naturaleza masculina, que de vez en cuando también, se alimente de doncellas y las ahogue en su cuerpo líquido, las encadene con sus ramas o las desequilibre entre sus rocas.

Cine

Hacer cine es una labor de seducción, cierto tipo de persuasión casi erótica hacia un espectador ficticio, andrógino y eterno.  

Máxima

Ladrones, poétas y artistas jamás deberían estar dispuestos al matrimonio, o a contraer algún tipo de compromiso similar.

Caballos y Leones

Me reconfortaba encontrarme frente al gran ventanal de un extraño salón, los platos y tazones vacíos y algunos restos de comida cantonesa descansaban sobre la mesa después de haber sido utilizados.

A mi lado izquierdo estaba una mujer a la que yo sentía como una amiga genuina, no había nadie más en el lugar. Ambos estábamos sentados frente al ventanal, sobre un amplio y alargado sillón de rayas delgadas rojas y blancas, que lo atravesaban de manera vertical.

Justo después de la comida, la luz de media tarde caía sobre la mesa y su tibieza me produjo un letargo placentero, casi como el efecto del llamado té de jazmín -cuando está bien preparado-. El clima del lugar no era suficientemente cálido y poco a poco una necesidad de dormir se apoderó de mí. Mi deseo por abrazarla fue inevitable y así lo hice. Me ofreció sus brazos amables y tibios en su casi ausencia, o su despreocupada presencia.

Con los ojos cerrados, concentré mi atención en la brillantez de la luz y así, finalmente y con ayuda del abrazo, desaparecí en el magnífico resplandor del sol.

Pista

No reír unicamente de los dientes para afuera

Cadavre exquis

Son más de las diez. Comencé a sentir cierta incomodidad en ese jardín. Hice bien al despedirme. La vieja me vio fumando y no está de acuerdo en ello, lo sé, aunque no lo diga directamente y apele a mi apariencia física para hacérmelo ver de forma distinta.

Ya afuera me siento mejor. Vladimir adivinó que iría a visitar a unos amigos. Pensé que no habría nadie porque las luces estaban apagadas, saludé a todos, incluso a los animales. En un principio me sentí algo ajeno, despistado. Luego cierta elocuencia excesiva me invadía al punto que Fernando comentó que yo parecía haber consumido cocaína. 

En La Tregua me esperaban el director Padilla y su asistente Contreras. El tema del erotismo me gusta pero es demasiado trillado y más dentro de este espacio que ha sido plagado de desnudos frecuentemente. Estela, la mujer de Padilla, me hizo entender sin sutileza alguna que es inevitable tener que callar a un invitado ajeno que opina sobre un asunto que no le incumbe directamente.

Después, imposible llegar a CU, las calles cerradas. He caminado desde Balderas a la casa, tuve que volver dejando el coche botado. En mi camino a pie, me he dado cuenta de las innumerables cosas que uno se pierde por andar montado en un vehículo, de las incontables historias que se pueden recoger con la charla de la gente, de la atención que han perdido las cosas.

Canto repetidas veces ese grupo de canciones que me han fascinado últimamente. Pero he cantado hasta la nausea... solo quiero silencio y en silencio me marcho en la bicicleta. La noche en el centro es solitaria. 

Me como un par de quesadillas con la hija de la peluquera que ahora me ha llamado despectivamente bebé, porque no quise decirle el nombre de algunos de los ingredientes, porque hoy he bromeado demasiado con las personas, porque hoy he hablado más de la cuenta.

11:48hrs.
Me costó bastante levantarme de la cama, no pensé que fuera tan tarde.

En este viaje

Cada día tiene un momento -por lo menos- en el que me doy cuenta que sigo en el mismo viaje. 

La vida me ocurrió justamente así, 
como las cosas ocurren a la vida, sin razón.

Cada noche o día llega a mí, el aire, la luz, un aroma, la misma pregunta.

Conforme pasan los años descubro que esto no es nada simple.

Se trata de una certeza, más que de una pregunta y eso es lo aterrador. Es un sentimiento constante, no un pensamiento, que la vida me acontece ahora mismo.

Dudar de la existencia no tiene sentido, lo verdaderamente asombroso es despertar aquí cada mañana.

El llano

La vista desde aquí es increíble, todo está en la más inamovible calma... pero no deja de ser triste. El viento corta la piel como papel afilado que a primera vista parece inofensivo. El viento da forma a las cosas, es él quien las dota de su propia belleza.

Estoy algo cansado de caminar ya. ¿Donde está mi parte? Algún día reclamé mi parte sí, un poco de tierra, una mujer, mi nombre en la memoria de la humanidad; ¡sí! de la humanidad, aunque me cueste creerlo. 

Uno nace con ciertos preceptos sacados de no se donde, la naturaleza es hermosa, el sol lo es todo, el agua es la sangre de la tierra, el alma de la tierra es la fuerza gravitatoria... Pero pronto llega "eso" llamado humanidad, y se postra en uno y entonces si, nada se puede hacer.

El llano es hermoso y hermoso es también ver cómo lo peina el viento. Las criaturas que viven aquí son seguramente más fuertes que muchos de los de mi especie. El llano es hermoso pero no deja de ser triste, como triste es querer tanto a alguien y no poder confiar en él. Así el llano inunda mis ojos de polvo y estos se protegen con lo único que conocen, algo a lo que los hombres han llamado llanto. 

Hoy el sol parecía querer permanecer en el llano, yo lo vi, pero las nubes no dejan de opacar tristemente su majestuosidad, que yo sé está allí, callada pero cálida, vigorosa, alegre. Solo debo seguir caminando hasta no ver más nubes, pero estoy algo cansado de caminar ya, ¿donde está mi parte?

Angy

Me agrada tener amigos, o por lo menos conocidos en la colonia.
El hijo de Mario estaba en el puesto de las películas. A el le gusta el Rock y desprecia La Z, que es la estación favorita del chico de las tortas, las mejores tortas de la colonia; puedo asegurarlo.

La mujer de la estética me saluda con gusto y con el mismo gusto le compro una gelatina al señor que se pone enfrente de la clínica. Ir recabando saludos me alivia el corazón, me hace sentir en casa aún cuando no he cruzado físicamente el umbral de la puerta.

Me siento un rato en el lugar de Mario y veo la gente pasar, la calle me pertenece y no solo a mí, a todos ellos también. Las fracturas en el muro, el pavimento gastado, la mugre de las esquinas... todo es tan vistoso, tan vivo, tan filmable.

Mi madre volvió unos minutos después de que llegué a su casa. Saludó a Mateo, Toño y a Eva, lo mismo hice yo, me cayeron bien. Después vino a la habitación donde me encontraba a contarme cómo le había ido con Angy, estaba sorprendida y bastante agotada. Angy se agarra de la vida a través de mi madre. Su pesar es grande pero su fuerza de voluntad es mayor. Apenas come con una jeringa. La bola está invadiendo su rostro más y más hasta el punto que sus familiares ya esperan su muerte por asfixia... pero ella quiere vivir y le pide a ella que la salve.

Mi madre salió a contestar el teléfono y yo me tiré de bruces en la cama, abrazando el cojín azul. La puerta estaba abierta pero no me importó, dejé la computadora prendida y las lamparas también. Entonces me desconecté totalmente por unos breves segundos. Olvidé donde estaba, quien era, perdí la noción espacial de la habitación, la percepción de mi cuerpo cambió totalmente.

Casa de Ondas

Recién llego en bici al café, por suerte aún se encontraba abierto, es algo tarde. Encontré al señor "Susano" afuera de la Casa de Ondas justo donde encadené a mi Patricia. Susano dice que "Laura" vino por sus cuadros recientemente... se refiere a Diana. Quizá “Laura” organice otra exposición o quizá haga una subasta, agrega el viejo quien ahora me parece algo distinto, sus rasgos faciales se han alargado. Susano me despide con un poco de prisa de la siguiente manera: Que disfrutes tu café “Isra”, gusto en verte... pero mi nombre es Raúl. 

Un dibujito

Cada vez es más claro que la pregunta de la fidelidad en una "pareja humana", "carece de sentido, no sirve, es inútil, puede herir, lastima y es una gran pérdida de tiempo". No solo por su grandísima probabilidad o improbabilidad del cincuenta por ciento ¿Quién podría apostar con semejante número, o quién quisiera invertir en ello?, simplemente porque en una relación de dos, hay bastantes cosas más que sopesar. 

Si el amor es un acto de fe, la fidelidad una virtud y la infidelidad un pecado; entonces definitivamente el Amor es una práctica católica, judeo-cristiana. ¿La lealtad es una invención de este tipo? ¿pertenece el honor a esta categoría? Es claro que el cuerpo responde y responde bien (nuestros gobiernos lo saben), a la publicidad, a los medios, al imaginario, al deseo; pero también responde a los bien conocidos gametos, a virus, bacterias, cepas, hongos y mil gonorreas que hay en el interminable caldo humano o humanero. La única salvedad del amor mutuo, es la Salud. 

Que si te quiero mucho, sí. Que tu eres lo más exclusivo, sí. "Que si me voy, que si me vengo", que sí ¿te pusiste el condón? Que si te enamoras y te quieres ir, -solo me avisas con tiempo, para lidiar con ello (como si antes no lo hubiéramos vivido cada uno ya) Nada se puede hacer contra los neurotransmisores activados del otro y más nos vale procurarnos libertad. -Andemos en bici, hagamos una película, salgamos de viaje, invirtamos en la bolsa -¿En la bolsa? wow. -Te hice un dibujito, no te pareces mucho pero está tierno. ¿Puedes escuchar lo que dicen los gallos? Te adoro.

Noche-Espacio-Luna

Encapsula la realidad y móntate en las olas de la ficción, al punto de enloquecer; 
y olvidar el lugar de partida.

Aventurado es pronunciar una frase, la verdadera belleza se esconde detrás de las palabras.

Corre, corre, corre, el miedo no envejece contigo, ni conmigo.
El olvido es el regalo del tiempo, mis ojos son solo testigos de su imparable transcurrir.

Vienen, y me toman de la cabeza hacia arriba, me llevan de cuerpo completo.

Las piedras de metal, sus palabras se unen como invisibles fuerzas contrarias, impalpables, invisibles.

Escritor

Cuando me pregunto si acaso puedo pensar exactamente lo que otras personas piensan tal cual si entrara en su mente, me suena aparte de trillado, inútil. Pero anoche mientras dormitaba se me ocurrió que si un escritor puede pensar en sus múltiples personajes, y darles personalidad única, carácter único, mente única ...¿?... quizá allí podría radicar la diferencia. 

Si alguno de estos personajes soñara con pensar lo que los otros personajes de la misma historia piensan, entonces estaría tomando nada más y nada menos que el papel del escritor, y dicho papel abarcaría a todos los personajes; siendo así una mente única. De esta forma quizá, sería posible darnos cuenta quien es el que nos escribe. Y ese a su vez, se daría cuenta de lo mismo; hasta tocar el infinito.

La fiesta brava

Miraba a un jabalí a la distancia. Al mismo tiempo que me atemorizaba, me daba curiosidad. Era como un perro que instintivamente sigue el movimiento. Presencié cómo corneó varias veces a un tipo que sin saber mucho sobre el tema decidió torearlo.

Después se me ocurrió hacer lo mismo pero sin bajar a la arena. Hacía que el animal se estrellara contra las paredes una y otra vez hasta en verdad quedar maltrecho. Ya cansada y ensangrentada la criatura, bajé a la arena y desde allí tomando un cojín del asiento y a manera de capote, comencé a torearlo.

Aún agotado mostraba una fuerza increíble y estuvo a punto de arroparme un par de veces. Después volví a torearlo desde la distancia y desde mi posición extrañamente oriné sobre él. Mi orina lavaba su cuerpo sangrante y esto lo inquietaba. 

Cuando lo di por muerto bajé de nuevo a la arena pero misteriosamente se levantó y me siguió el juego. Hasta entonces pude torearlo con mayor facilidad. En ese momento me resultó muy fácil la faena, incluso agradable. 

El animal se transformó, de una bestia salvaje, a un cachorro de cerdo. Corría con gracia detrás de mí y eso me enternecía. A pesar de saber que pronto moriría por el estado de sus heridas yo jugaba con él y deseaba lo contrario. Llegué a cargarlo y llevarlo sobre mis brazos. Lo mostré a mis amigos y a ellos encantó. Pronto el cerdo moribundo era un ser querido por todos. Finalmente consiguió vivir transformándose en un excéntrico gato joven que maravilló a todos.

¿Un vistazo?

Él a Ella  ó  Él a Él  ó  Ella a Ella  o  bien  Ella a Él:

-¡No importa lo que me digas! ¡cállate ya! ¡Si lo que dices no es verdad, no sé, ni puedo saber lo que piensas! ¡No puedo saber con certeza lo que hay dentro de esa cabeza! ¡Te odio! ¡Tampoco sé si lo que sientes por mí es verdadero o no! ¡No puedo entenderlo! ¡¿cómo puede caber tanta contradicción en alguien?!

Ella/Él ó Ella/Ella ó Él/Él o Él/Ella:

-¡Claro que importa lo que digo! sé bien lo que pienso y sé bien lo que siento; pero también sé bien que algunas cosas que hago contradicen todo; lo que digo, lo que pienso e incluso lo que siento. ¿Eres tan infantil como para no saber que la verdad humana no se esconde bajo el encanto de las palabras? nuestras propias palabras. ¿No se te había ocurrido que tampoco se encuentra en el misterio de nuestro pensamiento y sus ilusiones? ¿aunque éste sea ágil, o enciclopédico incluso? ¡Y por Dios o por lo que sea! mucho menos se halla en las profundidades de nuestras emociones y sus vuelos ambiguos. La verdad de uno mismo se encuentra en nuestras repudiadas y amadas acciones. ¡¿Para qué necesitas saber quien soy yo?! ¡No soy ni siquiera quien pienso que soy!, valdría más la opinión de alguien o algo externo que nos viera por fuera y desde su cómoda posición, nos examinara como roedores de laboratorio.

Él a Él/ Ella a Ella responde:

-Te odio... pero te quiero
y te necesito.

Otto y Mariella

Mariella camina por las calles y canta, lleva consigo una bolsa mediana de color negro con distintivos beige. Sus piernas son llamativas cuando usa esos shorts de mezclilla cortos. Lleva puesta una blusa muy ligera de apenas unos cuantos gramos de peso que a través del algodón blanco, deja entrever su sostén color verde esmeralda. 

No le molesta interrumpir su camino cuando de amigos se trata; siempre está lista para una coincidencia. Mariella comparte la lujuria desde hace algún tiempo con hombres mucho mayores que ella. No le molesta enfrascarse dentro de una contienda sexual donde sea que ésta acontezca.

Ella sueña con ser una prestigiosa cantante de ópera, parte del camino lo tiene ya recorrido; se perfila para grandes presentaciones como solista y como miembro del coro de madrigalistas. A sus 17 años impresiona a la audiencia en la sala de conciertos del conservatorio.

Le chiflan, la miran, la siguen, la cuestionan. Por las calles se escucha su voz de soprano coloratura que acompaña su andar. Es poco habitual escuchar con tanta claridad alguna pieza operística por las calles de la ciudad.

Mariella teme perder la cordura un día y entregarse a sus pasiones perdidamente. Teme perder el sentido común y sobrepasar la barrera del equilibrio. Cada día se mira a ella misma como un ser de creciente insensibilidad ante la humanidad. Mariella dice que Otto, su perro, es lo mejor que le ha pasado en la vida.

Se muda de aquí para allá, comparte el sitio, vive acompañada, vive sola. Tiene un novio pero no se niega a sus vicios favoritos con aquellos a quienes considera merecedores de sus encantos. Se complace mirando a la nada con una rebanada de pay de frambuesa en un café, justo antes de que la lluvia invada la calle. 

Ella no se considera bella, pero ¿Quién necesita de eso cuando se es tan talentoso? Su belleza está en el aire, que a sus ordenes vibra, invadiendo el espacio de sonoridad.

Noticias poco habituales para intelectuales

"-12:38, 12:38, 23 grados, yo soy Mariano Osorio y esto es Estereo Joya" dice el locutor en la radio. 

Estas estaciones son en realidad como un bálsamo para la gente. 

"Que te quise demasiado, que no importa... 12:46, 12:46 La radio inteligente" 

La música no es mala, pero las letras son abominables. La comida aquí es barata, y buena.

Tu Teatro, mi Teatro

No hace falta haber padecido las calumnias por las que atraviesa un tal Suboficial Beckman ni vivirlas en carne como el propio Wolfgang Borchert para entender que el humanero es el sitio más ficticio y a la vez, el más atractivo. 

Estúpidas convenciones, tontos acuerdos emotivos, engañosos contratos con letras chiquitas, adictivo imaginario, el deseo, el deseo, el deseo...
La bondad no te pertenece, la maldad es sumamente atrayente... han ocultado la verdadera naturaleza del hombre y en su lugar la han suplantado con títeres y tambores, con radios... televisores.

El deseo como motor de consumo, el deseo como motor de producción, ¿fidelidad al deseo?... ¡pan y circo!, nada más.

Acuerdos que no firmó cada uno, ficciones que se vivieron antes de siquiera saber que la ficción era posible. Borchert se quedó sin hígado, aparentemente; ¿a tí te hace falta un riñón? Beckman tiene ya una pierna de palo.

Puedes ser un hombre genial, puedes ser una mujer astuta, pero a caso ¿lo suficientemente consciente como para mirar fuera de ti? ¿fuera de tu ficción? Quien de todos los hombres y las mujeres se hallen a sí mismos inteligentes, que utilicen dicha inteligencia para los estúpidos fines que a ellos convengan, porque la inteligencia situada en el humanero no es más valiosa que las banalidades del mismo.

Corre, Brinca; abraza la belleza del rio, únete a sus criaturas, deja ya este reino de humanos que no se atreven a mirar más allá de sus ficciones.

La niña de las colitas

La pequeña lleva dos colitas de cabello a los lados de la cabeza, su madre se las hizo para que fuera más práctico su desempeño en la escuela. Su cabello siempre ha sido rebelde, grueso y negro, muy negro.

-¡Basta! ¡Basta!. Quiere decir ella al niño que le toma fotos a escondidas; pero nunca ha podido hablar cuando de verdad lo necesita. Solo mueve la cabeza y las manos como si un enjambre de abejas la atacaran en el momento que él dispara la cámara.

Ella persigue al niño por todo el patio de la escuela durante el recreo hasta que las maestras la reprenden por molestar a un niño tan bonito. Le gritan, la encierran. 

Algo en los ojos de ella los atemoriza, y su negativa al habla les desespera. Después la liberan cinco minutos antes de volver a la clase, para no sentirse culpables de que la han dejado sin recreo.

Los días pasan. Ella no tiene amigas ni amigos. Sola vaga por el recreo de la escuela, mira las plantas y les sonríe. De pronto y sin aparente razón, la niña se agita en el aire. Entonces las maestras la miran a lo lejos y sienten pena.

Cierto día siente que las abejas están a su alrededor, trata de mirar si el niño está allí, pero no está. Mira para todas partes y lo único que puede encontrar son masas de otros niños corriendo y jugando, pero nadie, absolutamente nadie la mira. Observa el cielo, inmenso cielo...

Un hombre de quizá cuarenta y cinco años mira fijamente una foto impresa. Es la niña de las colitas que le intrigaba en la infancia. Sobre la mesa hay quizá poco menos de quinientas fotografías de la misma niña en distintos momentos, algunas están arrugadas, viejas, manchadas.

Las abejas no existen pero tampoco se han ido y ella no puede tolerarlo. Entonces las maestras la miran a lo lejos y sienten pena. 

La pequeña camina cinco pasos y después esquiva a las abejas. A cada imagen que mira él, ella esquiva las abejas.

¡No puede hacer nada!, las acciones del futuro están afectando su presente y su conciencia es demasiado pequeña como para entenderlo. El hombre, que es el niño en otro tiempo, la mira a través de sus quinientas ventanas. Entonces la pequeña de las colitas corre a una de las ventanas del sótano. Se hace un ovillo y allí deja de sentir a las abejas. 

Él busca desesperadamente una imagen de la niña de las colitas en la ventana del sótano pero nunca tomó una sola de ese preciso lugar.

Las maestras la buscan, no la encuentran.
Pronto la descubrirán llorando hecha ovillo en una de las ventanas del sótano.
Ya han llamado a su madre. Será transferida a otra escuela.

Love

No hay duda de que el amor es insalubre, pero puede iluminar su vida, o al menos eso dicen. 

-¿Qué tipo de amor buscas tú?

Perros

Caminaba de noche por la calle, un amigo me acompañaba. Todo comenzó con un perro, escuchamos los ladridos a la distancia. Al lugar se acercó primero uno, pero después ya eran tres perros de mediano tamaño.

Mi amigo parece atemorizado. Me enfrenta uno de los canes y así sin pensarlo y aunque carezca de sentido, le hablo amablemente. Lo mismo hago con los otros dos, pero estos intentan morderme y logran rasgarme la piel de la mano y el brazo izquierdos. Entonces sin dudarlo enfrento a las bestias. Ataco a uno primero, logro sujetarlo del cuello sin que me muerda más, lo ahorco para después abrir sus fauces más allá del límite y así quiebro su mandíbula. Lo levanto en el aire de las patas traseras y lo golpeo contra el piso y contra el tronco de un árbol una y otra vez hasta que el cuerpo del animal no ofrece ya la menor resistencia. Finalmente lo arrojo a una fuente del parque y su cuerpo inconsciente se hunde en las aguas bajas. Lo mismo he hecho con el otro que me ha agredido también y ambos cadáveres quedan hundidos en la fuente. Cuando me acerco al tercero, mi amigo me recuerda que este no me ha mordido. El perro yace en el suelo respirando rápidamente de manera enferma, me pregunto ¿por qué no huyó? No lo he lastimado pero parece conmocionado. Recuerdo entonces que de verdad este perro no me agredió y lo dejo allí, hechado en el suelo. Me marcho con mi amigo; llegamos a una cena familiar.

Inmortal

Deshacernos de nuestra individualidad nos permite ser eternos, nos ofrece la eternidad, nos otorga lo perpetuo. Es un tipo de muerte social que a cambio, nos entrega una inmortalidad despersonalizada 

Memoria

En ocasiones los recuerdos vienen a nosotros sin previo aviso y se postran en nuestra conciencia para detonar en nosotros la existencia de otro tiempo, un tiempo que ubicamos como nuestro, un tiempo vivido.

En otras, algunos recuerdos insondables nos atrapan para dejarnos en la incertidumbre de su origen o incluso de su propietario. ¿Es mío este recuerdo? Memorias infantiles quizá, que nos saben ajenas, pertenecientes a un tiempo carente de continuidad, pero que se sienten en la piel, recuerdos sensacionales atados al viento, al sabor de la tierra, al calor del sol sobre la espalda.

Pensamos que nuestros recuerdos siempre estarán allí hasta que descubrimos lo contrario. Llegará el momento de la vejez, si es que llega, y toda esa enciclopedia de experiencias personales comenzará a evaporarse con lentitud, a volatilizarse poco a poco, y aquellos quienes suponíamos que éramos, dejarán de ser, y volveremos a ser niños.

Fantasía

La realidad se crea a partir de la fantasía.  

Esto es distinto a: 

La realidad supera cualquier fantasía. 

En fin, estoy de acuerdo con ambas proposiciones. 

En la primera es evidente que vivimos en las ideas de otros hombres: una casa, una calle, un autobús... todos existieron primero en la mente de su diseñador o creador; un televisor, un par de zapatos, etc. 

En la segunda, donde la realidad supera a la ficción, la cuestión no es navegar entre objetos diseñados, sino de enfrentarse al azar, el cual, por más que queramos controlar está fuera de nuestro orden humano, distinto de la “Fantasía” donde cierta diégesis está ya determinada y es finita. Finita y semi-determinada es la vida de cada uno, una vida - una historia. Es por eso que fascinan las historias, la ficción.

Pretextos

Un homicidio no suele generar una guerra mundial, en el mundo ocurren así, sin más. Los pretextos disfrazados de esta forma resultan una obviedad innecesaria. El asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa, fue tomado como la gota que derramó el vaso para la primera guerra mundial o en otras palabras, un buen pretexto para marcharse de casa culpando al Prozac.

Alameda

Las burbujas de jabón llegaron para quedarse.

Ingravidez

En algún lugar abandonado e inmenso, estábamos reunidos ciertos miembros de la familia. Acababa de llover, aún era de día. Mi madre y mi hermana guardaban cierto secreto que querían divulgar en ese momento y fue a mí a quien eligieron como su depositario. 

Me llevaron hasta una esquina de aquella construcción formada por diversos recovecos y me mostraron una viga que goteaba después de la lluvia recién cesada. Nada allí me pareció sorprendente y esperé a que ellas hicieran algo al respecto. De pronto me instaron a jugar con las gotas en su camino hacia el suelo, tan solo con la palma de mi mano, pero sin tocarlas. Entonces quise probar y apunté mi palma justo debajo de la caída de las gotas. Las gotas cayeron sobre mi brazo como si nada. 

De alguna manera intuitiva comencé a generar fuerza a través de las piernas y el abdomen y hasta la palma de mi mano, pero nada sucedía. De pronto una de las gotas retrasó su caída por un lapso de tiempo de medio segundo quizá, antes de caer sobre mi palma abierta. Repetí la hazaña una y otra vez más. Mi hermana junto a mí sonreía complacida. Entonces apliqué más fuerza aún y todas las gotas se retrasaron. Llegó el punto en el que pude mantener levitando las gotas a la distancia y agitando la mano veía cómo las gotas temblaban a su vez desde su ingravidez. Le mostré a mi hermana y a mi madre la hazaña y así ellas quedaron convencidas de que había entendido su secreto.

La Visita

Alguien llama a la puerta, son visitas inesperadas. Abro, es una familia completa, madre, padre e hijos pequeños. Parecen alegres de estar en esta casa de visita. Me preguntan por Malú y yo la llamo. Sale Malú y los recibe, ellos quedan sorprendidos y sin palabras al verla. Ella titubea un poco pero después pregunta confundida -¿Me buscaban? Y ellos responden que sí pero que la encuentran muy distinta, entonces ella confiesa acongojada que su marido ha muerto recientemente.

Besos

Los rayos de sol que se filtran por la ventana provocan cierta armonía interior.

La chica tiene los pies cobijados mientras se sienta sobre su costado izquierdo con las piernas recogidas sobre la cama. No tiene prisa alguna, es quizá medio día pero allí no pasa nada. No hace mucho ella despertó y solo espera recargada sobre sus almohadones en la cama. Ella sonríe suavemente, casi imperceptiblemente. Algunos peluches pueblan la habitación. El sol llega hasta sus piernas y cae por el borde de la cama.

La música es casi nula, minimalista al extremo; pero atmosférica. No hay matices de ninguna emoción en particular. Es una espera, pero la espera no lleva consigo ansiedad ni prisa, si no indiferencia. Música indiferente, diurna, con cierta felicidad contenida, no es amorosa, es una espera feliz y quieta.

Él aparece por el lado derecho de la cámara.

La saluda y besa como de costumbre. Ella apenas se levanta para saludarlo. En ambos nace cierta dosis de ansias. Entonces ella mueve uno de los almohadones hacia la izquierda y saca debajo de ellos una bolsa plástica, quita el nudo y descubre un amasijo de tripas. Son tripas limpias de pollo revueltas con aceite aromático. Él se sorprende muchísimo, como arrepentido, pero al mismo tiempo se inmoviliza mostrando su verdadero interés. Ella mete las manos a la bolsa que ahora está entre sus piernas. Las agita con deleite mientras cierra los ojos. Abre después los ojos sorprendida y extasiada, e invita a su compañero a seguirla. Él duda un poco, pero el impulso que es más fuerte que su asco, y lo lleva a seguir las manos de ella.

Juegan como dos niños con los restos animales, sin sacar nada de la bolsa. Se agitan y ciernen uno al otro sin separar las manos de su inusual contenido, cierran los ojos y se besan apasionadamente en la boca. Después de unos intensos momentos, ambos tienen un orgasmo en misteriosa sincronía. Es una sensación lúbrica que los arroja de espaldas en sentido contrario uno del otro sobre la cama, liberándolos finalmente de la bolsa y su contenido.

La tibieza del sol sobre las sábanas blancas ofrece una melodía ante sus ojos.

Noche-Día

Lorena no llegó a dormir.

11:30 am. Llaman a mi ventana, podría ser ella. Abro la puerta y la saludo parcamente. Está desaliñada, además lleva las mismas ropas con que se fue el día anterior, eso me dice que no pasó la noche en casa de su madre.

Le sorprendió que yo aún estuviera durmiendo, "-es casi medio día..." cómo si no supiera que odio levantarme temprano; su comentario está totalmente desubicado, me produce rabia y una especie de risa interior. No me preocupo por dar explicaciones y mucho menos por pedirlas.

Ella solo se queda allí sentada en la cama para después acostarse a mi lado. El teléfono suena y recuerdo que tengo que llamar pronto. Esta tarde tengo que ver a Ivette, llevará al cine el par de libros que le he prestado, anoche concluí que ya era tiempo de recuperarlos.

Las mentiras son en realidad, verdades compartidas.

En la sala de espera

La compasión puede ser un impedimento para la supervivencia.
La noche se recibe con los ojos cerrados.

Retomando

Llego al puente que divide dos partes distintas del pueblo, es de madera y muy vistoso, un pequeño río corre por debajo. Balam ya estaba allí cuando llegué. 

Él toca la flauta de pico, toca una melodía muy sencilla que en realidad me parece intrascendente y vana. Lo saludo y me saluda con su aire de indiferencia. De pronto me da la flauta y descubro que se trata de mi flauta, aquella que usaba algunos años atrás.

Comienzo casi sin darme cuenta a tocar de oído la pieza que Balam tocaba hace unos momentos. Poco a poco la voy armando hasta que la tengo completa. Balam está allí mirando y escuchándome. Una vez que la tengo comienzo a repetirla, y cada vez que la toco me parece más rica y emotiva a pesar de su simpleza. 

Repito la melodía una y otra vez hasta quedar completamente conmovido. Estoy al borde del llanto, las notas me han parecido grandiosas, mi estado de ánimo se ha transformado radicalmente y me arrepiento de haber juzgado mal tan hermosa pieza. Miro alrededor pero Balam ya no está allí.

Ella dice Dale Dale

-Oye? Si tuvieras todo lo necesario para vivir y no te preocuparas por nada, ¿a que te dedicarías?

-...mmm, a vagar.

-¿A vagar?
   
-Si, a vagar.

Ella dice: "-Dale, dale..." cuando decide terminar la conversación por alguna otra ocupación, ya sea que hable por teléfono o mande textos por algún medio digital, Dale dale, ándale, ok, si, adelante.

Estira las manos y muestra sus dedos enternecedores, dedos que coronan unas pequeñas manos conmovedoras. Estira las manos y no dice nada a su interlocutor que está sentado justo en el otro sillón individual de la sala.

Él la toma de ambas manos con las suyas y trata de llevarla hacia si. Pero ella se resiste y solo sonríe.

-¿Quieres venir o quieres que vaya?

Ella solo muestra un poco más los dientes blancos de una maravillosa sonrisa.

-Esta bien, voy, hazme un lugar. Dice él.

Ella se levanta y le permite acomodarse a su gusto para después sentarse en sus piernas. Se abraza a él, se acurruca, y ambos toman el té de soya.

El té en esa sala siempre ha tenido el mismo efecto en ellos, un sopor delicioso que los obliga a cerrar los ojos y compartir lo estático del sitio junto con esa planta que funge de adorno a la vez que de mascota.

Ella queda desvanecida es sus brazos y él la sigue en un sueño compartido. Una puerta que se abre repentinamente en el sueño, los hace brincar al unísono, pero eso no es lo suficientemente fuerte como para despertarlos del todo. Cada cual por su lado, naufraga en un sueño casi involuntario. Él cabecea y ella abre la boca mientras las cosas, quietas allá afuera, ven la luz pasar por los polvosos balcones del lugar.

Ella no dice nada cuando decide terminar la conversación, simplemente cuelga el teléfono o con un parco y escrito “ciao” termina la conexión.

Tierra

Ojalá hubiera una planta que al mascarla te enseñara a confiar. Amo a la tierra, pero desconfío de la humanidad.

Error de cálculo

Alguien me dispara a quemarropa con una ametralladora, soy parte de un corporativo y he desobedecido las reglas. Estamos dentro del edificio, al mismo tiempo que me disparan, alguien más dispara a mi agresor con un arma similar. 

Mi cuerpo sufre pero a la vez se regocija por la venganza inmediata. Alguien más ajustó cuentas al mismo tiempo que ajustaron cuentas sobre mí. No sé si salí con vida o no, pero recibí apoyo inmediato.

Me tendieron una trampa y caí… Había agua sucia que caía en forma de lluvia. Traté de encontrar la fuente de la putrefacción. Me recordó a una bien conocida casa en ruinas. 

Encontré un niño y lo dejé pasar a un lado de las cosas que colgaban del techo por donde se escurría el agua sucia.

El Desayuno

Están sentados uno frente al otro, en la mesa del comedor. La luz invade el departamento de Casandra a través de una gran ventana a sus espaldas.

Hace un momento preparaban juntos el desayuno en la cocina. Es un departamento compacto en una zona privilegiada dentro de la inmensa urbe, cerca de muchos atractivos al sur de la ciudad.

-¿Dos o tres?- Pregunta él.

-Tres.- Responde ella después de pensarlo por un breve momento.

Preparan bocadillos con los víveres que ella almacena en la despensa. Es el turno de David para hacer uso de la estufa y es él quien ahora decide como preparar con lo que empezarán el día.

-Se me ocurre hacer quesadillas completas y partirlas por la mitad con el cuchillo.-

-No, yo las quiero artesanales las prefiero así.- Contesta ella con cierta sonrisa guardada.

A David siempre le ha parecido que Casandra trata de imponerse de cierta manera, o mejor dicho, de que nunca acepta una buena sugerencia por temor a aparentar tener un carácter débil.

Él sirve el alimento en un plato central de la mesa mientras ella saca pequeños platos cuadrados del anaquel de los trastes y acerca algunas servilletas, manteles y un tenedor para cada uno.

-¿Quieres café?- Pregunta ella, y él responde indeciso que sí. Casandra se levanta de la mesa y prepara la cafetera. Lleva lentamente el contenedor del café hasta la nariz de David para que él pueda olfatearlo y saber si es o no de su agrado.

En el aire hay cierto silencio apacible. Nadie dice nada pues ninguno de los dos siente la necesidad de hablar. Hay un silencio cálido, casi acogedor.

Ambos tomaron una ducha por separado antes del desayuno. Sus cuerpos están aletargados por el agua caliente. La intensa actividad sexual de la noche anterior y de esta mañana les provoca esa sensación parecida a tomar el sol sentados en una piedra en el campo una tarde con aire frío pero con sol radiante. Quizá ya sea medio día y ellos están ingrávidos.

-Es de Chiapas, lo compró mi madre.- Dice Casandra sosteniendo el contenedor para él, quien aprueba el café con un gesto casi indiferente.

La cafetera está funcionando y cada uno está ensimismado, pero a la vez se miran sin reserva alguna mientras comen.

Ella ha traído el café y lo ha servido solo para él en una pequeña taza con un diminuto plato cuadrado en la base. Ha acercado la azucarera y se sienta a terminar su ración.

-¡La cuchara para la azúcar!, ¡la olvidé!, en seguida voy.-
David piensa que él puede ir por la cuchara y como despertando de un sueño a ojos abiertos, trata de levantarse de su silla; pero Casandra ya ha atravesado el umbral de la cocina y con una disculpa le pone la cuchara sobre la mesa.
Él piensa para sus adentros que no era necesario y que él pudo haber ido por la cuchara de cualquier modo, evitando que ella interrumpiera su desayuno.

-Que bella vajilla tienes aquí, ¿la has comprado recientemente?- Trata David de hacer un cumplido en agradecimiento mientras sostiene la taza de café y la mira.

-No, es la de siempre, ¿es que no te acuerdas? Hace bastante tiempo que no vienes.-

David exterioriza lo que por su mente está pasando en ese momento, cambiando abruptamente de tema y preguntando a Casandra si acaso no le gustaría escribir una novela.

Para David, dentro de su mundo esa mañana es peculiar. Le parece que todo es un filme que ante sus ojos acontece. Siente la ausencia de algo que generalmente mantiene una parte de él sumamente ocupada. Ahora que se haya libre de “esa ocupación” se siente aliviado pero al mismo tiempo desconcertado. Pareciera que ve el mundo en ausencia de su yo, desde un nuevo punto de vista.

-No lo sé, no se me ocurre. ¿Una novela de qué?- Dice Casandra mientras carga con el tenedor un pequeño trozo de lechuga, tiene cierta sonrisa en la cara y la mirada fija en David. Él ha volteado a verla a los ojos justo en el momento en que ha respondido a su pregunta.

-¿Quieres probar mi café?- pregunta él acercando la taza para que Casandra pueda tomarla. Ella duda pero finalmente la toma.

-¿Tiene azúcar?-

-Sí, un par de cucharadas, quedó bien. Pruébalo.-

Mientras ella toma el café a David se le ocurre que las sensaciones son debidas a los orgasmos de la noche anterior. Que de alguna forma en su cerebro o en el ambiente, ha quedado esparcida la sustancia de su ausencia, liberándolo de cierta prisa que generalmente aniquila su tranquilidad.

La tarde anterior cuando ella llamó para invitarlo a su departamento, le comentó que había pasado unos días en casa de sus padres celebrando su propio cumpleaños y David, en un gesto de justificación y a la vez de cortesía, se disculpó por no haberlo recordado. Pero ella no es del tipo de chicas que les lastima el que su cumpleaños no sea recordado. De todas maneras, mientras lo hacían la noche anterior sobre la duela y encima del edredón que allí colocaron, David recordó la fecha exacta y se la dijo. Ella a su vez, confesó no recordar la fecha del cumpleaños de David y en el mismo acto sexual se lo preguntó. Pero David la hacía adivinar mientras la penetraba lenta y repetidas veces al tiempo que ella emitía sonidos de placer, haciendo ver la escena perversa y a la vez divertida. Finalmente, después de varios intentos, ella llegó al orgasmo sin adivinar y él le dijo la fecha exacta sin más ni menos.

Para David todo el acontecimiento del desayuno parece una puesta en escena. Puede perfectamente ver la escenografía, las luces, los personajes, él mismo se siente un personaje. ¿Acaso será esa peculiar forma en que Casandra lo mira? ¿Será ella quien lo dota de esta nueva visión de sí mismo donde percibe la ausencia de su yo, y en su lugar se siente un personaje de cierta novela no escrita? Quizá ella guarda la respuesta. David decide hacerle saber su sentir para descubrir si ella navega por la misma veta de pensamiento.

-Casandra, me siento peculiarmente ausente de mí mismo esta mañana. Pareciera como si todo esto fuera una puesta en escena donde ambos somos personajes con un guión predeterminado. ¿En qué momento dejé de ser yo mismo y entré a esta novela que nadie ha escrito aún? ¿En qué momento fui partícipe de la ruptura de mi cotidianeidad? ¿A caso no viene a ti alguna idea o sensación similar?-

Casandra tiene recargados los codos sobre la mesa mientras bebe de la tasa tibia. La abraza con sus manos que tratan de absorber el calor del líquido. Mientras toma en pequeños tragos el dulce café, mira a David con sus ojos azules, claros y chispeantes. Ella responde:

-¿Cuándo es tu cumpleaños?

El Demonio de la perversidad con corazón delator

Un famoso cuentista norteamericano que con el tiempo adquiriría fama mundial; escribió repetidas veces sobre ciertas peculiaridades humanas a las cuales describió como demonios. En la época que vivió y en la cual escribió al respecto, no fue tan aclamado como después indiscutiblemente sería por este tipo de historias.

Los demonios pueden interpretarse de múltiples formas; les han creado imágenes y mitos, se les ha temido y aún se les teme en algunos templos o incluso fuera de ellos. Todo el mundo sabe de la existencia de estas criaturas, los aceptan y los niegan al mismo tiempo porque los confunden con ellos mismos.

Una batalla interna es lo que hace sucumbir hasta el más grande imperio, dicen por allí, y de existir una entidad no humana que pudiera habitar y alimentarse de los hombres tal cual parásito de cualquier organismo viviente, ¿no habría ya suficiente historia humana como para argumentar que a través de todo este tiempo siempre ha padecido de la misma enfermedad?, ¿y que al mismo tiempo la ha atravesado sin poderse aliviar de una vez por todas de ella? Queda claro que el hombre si es una entidad capaz de alimentarse cual parásito de cualquier organismo viviente. 

La única cualidad humana es su ser omnívoro. Destruir es su mandato, destruir con su estómago, con sus manos, depredador por naturaleza, ¿será esta su condena real?, ¿una batalla interna?, ¿perpetua? Su naturaleza y costumbres lo han aniquilado. ¿Por qué un imperio debe sucumbir? ¿A quien más si no a los humanos se les ha ocurrido semejante cosa llamada Imperio?

Esta clase de demonio, el demonio hombre, es de lo más astuto que se pueda definir, aunque en realidad esta afirmación más que cómica es redundante, ya que todo lo que el hombre cataloga queda dentro del espectro del hombre mismo.

Eran las seis de la tarde pasadas de un día de primavera en la caótica ciudad capital. El cielo se había iluminado de manera espectacular desde muy temprano. El sol resplandecía como en esos parajes rurales donde los colores adquieren más intensidad que en cualquier ciudad. Hay días en que los lugares nos parecen otros, a pesar de que ante nuestros ojos se encuentren las mismas cosas, todo es cuestión de la intensidad de la luz del sol.

A David le daba lo mismo si se nublaba o no, pero no pudo dejar de advertir la claridad con la que el día se vestía. Su humor le pesaba bastante ya, en su rostro se notaba la insatisfacción que por las calles casi todos llevan debido a esa prisa estúpida que los habita. Lo extraño es que él no solía padecer prisa alguna. De alguna forma siempre se las había arreglado para vivir fuera de los horarios fijos, de las cansadas jornadas laborales, del terrible tráfico vehicular, y de mil cosas más que pululan la ciudad como un hervidero de insectos alimentándose de un cuerpo en putrefacción.

No tenía por qué culpar, de su pésimo humor, a su hambre o a sus horas de sueño, ambos ciclos los tenía en un régimen controlado. Hacía un tiempo había dejado las conocidas sustancias que tan trilladas por su ilegalidad parecían ahora en boga y que mantenían a gran parte de la población adormecida e impotente contra los designios de cualquier gobierno. Por mera curiosidad comenzó a consumir algunas sustancias años atrás , entre ellas la cafeína a la cual le había tomado un gusto bastante recurrente. Ninguna de estas sustancias poseía la cualidad de generarle una verdadera adicción y por lo mismo, una verdadera dependencia fisiológica.

En su mundo ideal, no cabía la pereza ni la pérdida de tiempo. Solía ser bastante severo consigo mismo y con todas las personas que lo conocían. Pero de eso ya hacían algunos años...

David se preguntaba por qué vivía, se preguntaba por qué aún tenía la vida. Sabía para sus adentros que toda aquella severidad y diligencia con la que pretendió vivir algunos años atrás, no le habían servido de mucho, pues en los actos realizados se reflejaba la verdad, no solo en su actitud obsesiva. Lo que había logrado a sus veinticinco años no era mucho, aunque para él, semejaba haber pertenecido al pelotón militar, o a una logia.

Así que ahora vivía sin contar el tiempo. En el mundo hay infinidad de cosas por ver, pero, ¿acaso uno debe mirarlo todo? Se cuestionaba mientras caminaba por su habitual acera en busca de un bocado... Quizá jamás se imaginó que encontraría a María precisamente en el mismo camino.

El Instituto

No he podido aguantarlo más y mi madre ya no estaba como para seguir soportando semejantes estupideces de su socio Pérez, además, los del instituto parecían no tener respuesta aún, como es tortuosamente habitual. Decidí no decirle nada a ella, me despedí y me dispuse a actuar por cuenta propia.

Esa misma tarde había quedado de ver a mi amigo Henrry, quien hace poco tuvo un accidente en la motocicleta; afortunadamente solo le enyesaron una pierna.

Busqué al "Mongol", me quedaba de camino, él y el Kiko siempre fueron los más fuertes. Este último, desafortunada o afortunadamente, se fue a California a buscarse la vida, tal cual muchos mexicanos hacen como alternativa.

En su taller reparaba una motocicleta con sus ayudantes, al principio fingió no reconocerme pero después y a manera de disculpas gritó: -¡Secuaz, cuanto tiempo sin vernos! ¿Que tienes de nuevo?

-La situación es muy simple. Hay un viejo que se está pasando de la raya con la familia. Necesito un par de culeros que lo pongan en su lugar. Solo necesita unos madrazos, el tipo trabaja en mi beneficio pero ha empezado a hacer algunas estupideces que no toleraré más.

-A ver a ver guero, no te precipites. ¿Quieres madrear a un pinche viejito?

-No precisamente “madrear”, solo quiero que le pongan unos madrazos que le aflojen el mastique (con el Mongol en necesario saber la jerga para comunicarse). Nada de hospital, nada de cortadas; putazos directos a la cara y listo, donde se note para que se acuerde cada vez que se mire al espejo.

El Mongol me llevó a las afueras del taller para que sus ayudantes no se enteraran de los detalles.

-¿Y qué? ¿Así nomas madrearlo y ya? Preguntó con cierto interés en el rostro, agregando después como para ocultar cierto júbilo infantil: -Quien te crees o qué pinche guero.
   
-Solo quiero amenazarlo, decirle lo siguiente: Pinche viejito de mierda, si no te apuras con los putos trámites te va llevar la verga, te sacamos de tu puto nido de ratas a punta de madrazos.

-¿Y donde vive?

-A unas cuantas calles de aquí, en una vecindad.

-Pues mira guero, yo ya no hago esos trabajos y menos si “el cliente” vive en la misma colonia que nosotros, pero tengo un par de compas de Santa Julia que podrían ayudarte si les das unos quinientos varos, ¿cómo ves?.

-Suena bien, pero necesito que me dejen al viejo vivo, que no se pasen de verga pero si que le den un buen susto.

-¡Papas guero! Ya rugiste, nomas que te va a salir en el doble, la otra mitad es pa mí.

-Muy bien, te daré la primera mitad mañana junto con una foto y la dirección para tus compas. Necesito que sea un día particular, traete a los culeros y yo les explico bien a ellos.

El Mongol cumplió su palabra como culero profesional que es y dos días después, conocí a Esteban y Camilo. Me dieron un número al cual llamar el día que pactamos para darles la señal de que podían actuar; los muy lacayos me pidieron el dinero por adelantado pero me juraron cumplir, dijeron que ese era un trabajo de niños. Les pedí una semana y solo les pagué la mitad.

Ese mismo día pregunté a mi madre si Pérez estaba en la ciudad y ella respondió que si, que acababa de llegar de San Luís. Seguí al viejo durante toda la semana. Descubrí sus horas habituales de llegada y salida que no eran para nada predecibles pero guardaban cierta sincronía cuando volvía del instituto y las reuniones.

La vez que hablamos en su automóvil me pareció de lo más falso y manipulador que pueda existir. Desde entonces ambos supimos que éramos incompatibles. Cada vez que le reclamé por la basura afuera de su casa, sospechando que sus inquilinos ilegales eran los culpables, fingió como rata que es y no le importó. El día que los mismos inquilinos trataron de abrir la puerta de nuestra casa para robarnos, él, casualmente, estaba de viaje. Mi madre le reclamó a gritos en cuanto lo vio. Después ella y yo tuvimos una discusión por la gente que invade ese espacio el cual costó tanto trabajo desocupar de otro grupo de invasores hace ya varios años. Descubrí entonces que ella estaba bajo su dominio por decirlo de cierta forma y que no podría hacer mucho incluso si se quejaba con la antigua dueña del predio; ahora solo mi madre y él eran responsables, pero de ninguna manera él estaba haciendo las cosas correctas y si “acaso era el caso”, al afectarme y no escucharme, estaba cometiendo un grave error.

Llamé a los culeros, pactamos el día. Para mi sorpresa se presentaron puntualmente, eran justo las ocho de la noche, quedamos de vernos en el parque de Santa María, les pagué completo esta vez. Esteban me parecía hasta cierto punto gracioso, pero Camilo cargaba algo en la mirada y la voz que en verdad me parecía atemorizante. Les dije la advertencia que tendrían que poner sobre él después de los golpes.

Pérez vendría por el eje uno norte a pie y solo. Algunas personas estarían por allí, pero sin dudarlo, no significarían problema alguno. Me situé a tres calles de distancia y esperé pacientemente en la bicicleta, los culeros estaban justo enfrente de la calle donde él pasaría. Lo vi pasar algo más apurado de lo normal e inmediatamente di la señal. Los vi a la distancia cruzar la calle, uno llegó por enfrente y el otro por la espalda. Justo llegaba a la esquina y por un momento dudé que lo dejaran dar la vuelta; lo cual significaría que habría testigos de riesgo si lo permitían, pero al llegar al árbol que está frente a una jardinera, Camilo, quien venía de frente, pareció preguntarle la hora, él accedió y por detrás Esteban lo golpeó justo en las costillas del lado derecho haciendo que se doblara casi instantáneamente. Rápidamente Camilo lo golpeó en el lado izquierdo de la cara y después el derecho a puño cerrado. Esteban lo arrodilló frente a Camilo que fue quien aparentemente le dictó la sentencia. Tres golpes más de Camilo en el rostro y después, ya en posición fetal sobre el suelo y sangrando, Esteban lo pateó y escupió un par de veces más.

Fingí no ver la escena. Una señora con sus dos hijos se detuvo y después de mirar por un breve momento siguió su camino como rehusandose a aceptar lo que había visto. No pareció verme.

Volví inmediatamente al kiosco de la alameda para relajarme y allí esperé por un par de horas en un café donde venden una deliciosa rebanada de pay de limón. Los culeros habían cumplido su palabra y yo había pagado sus servicios, un enorme júbilo que invadía, algo así como una gran risa que se resiste a salir.

Visité esa misma noche a mi amigo Henrry y la pasamos bastante bien, a tal punto bien, que casi se me olvida lo que había ocurrido horas antes. Volví a casa por la calle contraria al eje y todo allí pareció de lo más normal, mi madre me saludó con cariño.