Cadavre exquis

Son más de las diez. Comencé a sentir cierta incomodidad en ese jardín. Hice bien al despedirme. La vieja me vio fumando y no está de acuerdo en ello, lo sé, aunque no lo diga directamente y apele a mi apariencia física para hacérmelo ver de forma distinta.

Ya afuera me siento mejor. Vladimir adivinó que iría a visitar a unos amigos. Pensé que no habría nadie porque las luces estaban apagadas, saludé a todos, incluso a los animales. En un principio me sentí algo ajeno, despistado. Luego cierta elocuencia excesiva me invadía al punto que Fernando comentó que yo parecía haber consumido cocaína. 

En La Tregua me esperaban el director Padilla y su asistente Contreras. El tema del erotismo me gusta pero es demasiado trillado y más dentro de este espacio que ha sido plagado de desnudos frecuentemente. Estela, la mujer de Padilla, me hizo entender sin sutileza alguna que es inevitable tener que callar a un invitado ajeno que opina sobre un asunto que no le incumbe directamente.

Después, imposible llegar a CU, las calles cerradas. He caminado desde Balderas a la casa, tuve que volver dejando el coche botado. En mi camino a pie, me he dado cuenta de las innumerables cosas que uno se pierde por andar montado en un vehículo, de las incontables historias que se pueden recoger con la charla de la gente, de la atención que han perdido las cosas.

Canto repetidas veces ese grupo de canciones que me han fascinado últimamente. Pero he cantado hasta la nausea... solo quiero silencio y en silencio me marcho en la bicicleta. La noche en el centro es solitaria. 

Me como un par de quesadillas con la hija de la peluquera que ahora me ha llamado despectivamente bebé, porque no quise decirle el nombre de algunos de los ingredientes, porque hoy he bromeado demasiado con las personas, porque hoy he hablado más de la cuenta.

11:48hrs.
Me costó bastante levantarme de la cama, no pensé que fuera tan tarde.

En este viaje

Cada día tiene un momento -por lo menos- en el que me doy cuenta que sigo en el mismo viaje. 

La vida me ocurrió justamente así, 
como las cosas ocurren a la vida, sin razón.

Cada noche o día llega a mí, el aire, la luz, un aroma, la misma pregunta.

Conforme pasan los años descubro que esto no es nada simple.

Se trata de una certeza, más que de una pregunta y eso es lo aterrador. Es un sentimiento constante, no un pensamiento, que la vida me acontece ahora mismo.

Dudar de la existencia no tiene sentido, lo verdaderamente asombroso es despertar aquí cada mañana.

El llano

La vista desde aquí es increíble, todo está en la más inamovible calma... pero no deja de ser triste. El viento corta la piel como papel afilado que a primera vista parece inofensivo. El viento da forma a las cosas, es él quien las dota de su propia belleza.

Estoy algo cansado de caminar ya. ¿Donde está mi parte? Algún día reclamé mi parte sí, un poco de tierra, una mujer, mi nombre en la memoria de la humanidad; ¡sí! de la humanidad, aunque me cueste creerlo. 

Uno nace con ciertos preceptos sacados de no se donde, la naturaleza es hermosa, el sol lo es todo, el agua es la sangre de la tierra, el alma de la tierra es la fuerza gravitatoria... Pero pronto llega "eso" llamado humanidad, y se postra en uno y entonces si, nada se puede hacer.

El llano es hermoso y hermoso es también ver cómo lo peina el viento. Las criaturas que viven aquí son seguramente más fuertes que muchos de los de mi especie. El llano es hermoso pero no deja de ser triste, como triste es querer tanto a alguien y no poder confiar en él. Así el llano inunda mis ojos de polvo y estos se protegen con lo único que conocen, algo a lo que los hombres han llamado llanto. 

Hoy el sol parecía querer permanecer en el llano, yo lo vi, pero las nubes no dejan de opacar tristemente su majestuosidad, que yo sé está allí, callada pero cálida, vigorosa, alegre. Solo debo seguir caminando hasta no ver más nubes, pero estoy algo cansado de caminar ya, ¿donde está mi parte?

Angy

Me agrada tener amigos, o por lo menos conocidos en la colonia.
El hijo de Mario estaba en el puesto de las películas. A el le gusta el Rock y desprecia La Z, que es la estación favorita del chico de las tortas, las mejores tortas de la colonia; puedo asegurarlo.

La mujer de la estética me saluda con gusto y con el mismo gusto le compro una gelatina al señor que se pone enfrente de la clínica. Ir recabando saludos me alivia el corazón, me hace sentir en casa aún cuando no he cruzado físicamente el umbral de la puerta.

Me siento un rato en el lugar de Mario y veo la gente pasar, la calle me pertenece y no solo a mí, a todos ellos también. Las fracturas en el muro, el pavimento gastado, la mugre de las esquinas... todo es tan vistoso, tan vivo, tan filmable.

Mi madre volvió unos minutos después de que llegué a su casa. Saludó a Mateo, Toño y a Eva, lo mismo hice yo, me cayeron bien. Después vino a la habitación donde me encontraba a contarme cómo le había ido con Angy, estaba sorprendida y bastante agotada. Angy se agarra de la vida a través de mi madre. Su pesar es grande pero su fuerza de voluntad es mayor. Apenas come con una jeringa. La bola está invadiendo su rostro más y más hasta el punto que sus familiares ya esperan su muerte por asfixia... pero ella quiere vivir y le pide a ella que la salve.

Mi madre salió a contestar el teléfono y yo me tiré de bruces en la cama, abrazando el cojín azul. La puerta estaba abierta pero no me importó, dejé la computadora prendida y las lamparas también. Entonces me desconecté totalmente por unos breves segundos. Olvidé donde estaba, quien era, perdí la noción espacial de la habitación, la percepción de mi cuerpo cambió totalmente.