La hermana de Giovanni

Erika era su nombre. Entró a la misma escuela donde mi amigo Ismael y yo nos habíamos inscrito. Recuerdo bien que los primeros días de clase causó mucho furor en el grupo. Alvarez fue el primero en arriesgarse, le propuso que fueran novios y ella lo aceptó. 
   El tipo era una bestia total, la llevaba de un lado al otro de la calle sin el menor tacto, la apretaba de la mano con fuerza y la besaba violentamente, como buen puberto, luciendose así con nosotros en camino a casa, apenas nos liberaban de la prisión escolar. Ella solo callaba, porque de alguna manera era lo mejor, o lo único que sabía hacer.
   Un día el Loco nos contó que fue a su casa y que junto con ella, sus primos, Giovanni y otro niño de su edad (algo más chicos que Erika) se pusieron a jugar hasta tarde. 
   La mamá de Giovanni, sin darle mayor importancia al asunto, en esa inmensa casa que tenían, sugirió que pasaran todos juntos la noche de sábado. Notificó a sus padres y todo quedó arreglado. Les sirvió algo de cenar y los mandó a la habitación del pasillo que estaba destinada a ciertos huéspedes. El cuarto tenía una enorme cama king-size y los chicos no desperdiciaron ni un minuto para brincar y jugar golpeándose unos a los otros con las almohadas rememorando su recién dejada etapa infantil.  
   Llegó la noche y poco a poco fueron cayendo uno a uno donde el cansancio y el sueño los agarraba. La mamá de Erika cerró el balcón y la puerta después de apagar las luces, corroborando que ninguna alma en pena quedara de pie.
   El loco también quedó rendido, pero despertó ya entrada la noche en una casi total oscuridad. De alguna manera pudo reconocer que Erika estaba a su lado. Nos dijo que nunca se dio cuenta si dormía o no, porque no roncaba como los demás, porque no hacía ruido alguno, porque Erika no sabía hacer otra cosa que callar. 
   Poco a poco él fue deslizando su manita de doce años por el cuerpo recostado de ella. Llegó a lo que creía que eran sus tetas, para después descubrir que en realidad eran sus costillas. Cuando trató de subir más, ella se movió como impidiéndoselo. Entonces a él no se le ocurrió otra cosa más que buscar entre sus piernas, y ella se lo permitió. 
   Entre tanta excitación pueril, él trató de quitarle las mallas pero simplemente no lo logró. A cambio de ello, tomó suavemente una de las manos de Erika y la llevó hasta el interior de su propia pijama. Nos contó que la mano no ofreció la mínima resistencia al vaivén de su pene erecto, haciéndolo derramar su sustancia novísima.
   A la mañana siguiente, el Loco y Erika no podían mirarse uno al otro. Giovanni y su amigo parecían los mismos animales traviesos de siempre y la prima y el primo se marcharon muy temprano.
   El siguiente lunes Erika no se presentó a la escuela, y Alvarez en verdad parecía triste a la salida. El loco aparentaba tener mucha prisa en irse a su casa y ese comportamiento le duró algo más de un mes tras la ausencia de Erika. Tardó bastante tiempo para contarnos lo que en realidad había sucedido. 

Gato de hotel

Tener un gato puede ser muy buena inversión para la temporada invernal, más aún si a este le agrada dormir al nivel de los pies en la cama, o está entrenado para ello.


-¿Con gato o sin gato, señor?

-...con gato, por favor.
-Muy bien, pronto la señorita le llevará también un par de toallas para el baño y cualquier otra cosa que le pueda ofrecer.
-Bien, muchas gracias. Una cosa más, ¿qué clase de servicios ofrece ella?