Un año más

Gustavo se miró al espejo y vio lo que toda la vida había visto, una figura casi tierna, frágil, insípida. Llena la cabeza de pegatina y el semblante casi triste, esperaba con ello aparentar cierta elegancia, y lo hacía, pero lo que de verdad sentía era el alma repleta de inseguridad. -Jamás he podido salir de aquí- pensó -jamás he logrado de verdad sentirme libre- se dijo mientras tocaba su rostro con su mano flaca.

De pronto volvió a su mente la imagen de sí mismo años atrás, del Gustavo que habitó alguna vez la casa de María Eugenia, que a modo de reprimenda en cierto momento ella le recalcó -No eras quien al llegar, anunciaste ser- Y sin embargo, hace un par de meses Gustavo había sentido precisamente todo lo contrario, desde su perspectiva ahora era ese, aquel que pretendió ser en otro tiempo.

Cumplía un año más. La existencia es un momento, compuesto de momentos que se diferencian claramente uno del otro y que no guardan verdadera continuidad entre ellos. La vida, más que una certeza, es una continua improvisación. Así uno improvisa haciendo, sin llegar a saber del todo cómo actuar. 

Gustavo creía ser, pero no era, creía saber, pero no sabia, de alguna forma creía existir, pero no existía.

Racismo Ecológico

Vivimos entre el albino y el negro, esto no se trata de razas, es solo el espectro en que podemos experimentar los tipos de lo humano, en el simple nivel de criaturas que somos, sobre el mundo. ¿Racismo? ¡Bah!

Noche de Luchas

Afuera todo me ha parecido bastante más nítido, ¿será que la lluvia se encarga de limpiar también el aire?- Dijo Rubén susurrando para sí mismo, pero como si lo hubiera dicho en voz alta Mario contestó -No lo creo, debe ser el asfalto mojado, le da mayor contraste a las cosas en general-. Ambos salían del lugar justo al despuntar el día, esperaron pacientemente al amanecer para marcharse de aquel sitio en el cual jamás habían estado antes, pero donde sabían en su interior que algo había ocurrido. Fueron conducidos allí la noche anterior por un taimado personaje que conocieron en la despedida de uno de sus amigos de la infancia que cambiaría pronto su residencia a la ciudad de Barcelona.

Eramos varios, visitábamos un putero o algo parecido. Había mujeres muy bellas, algunas no tan jóvenes pero muy atractivas. De pronto estábamos jugando a cierto juego, no sé exactamente cómo comenzó pero había un escenario-pasillo que fungía de ring con colchonetas sobre el piso donde uno a uno jugaba una especie de Lucha con cualquiera de las chicas, y si te vencían, te daban sexo. Como has de entender, nadie hacía un gran esfuerzo por luchar de verdad, y todo era una ridiculez muy divertida. 

La cosa era muy excitante no solo por luchar y coger, sino porque uno sabía que era observado por personas totalmente desconocidas, que quizá habían llegado al lugar por accidente también. Era lo más ilegal del mundo, eso es claro, pero estaba sucediendo. Y es que cuando fue mi turno dos chicas me enfrentaron, ¿te imaginas? ¡Dos chicas a la vez! Me sentí de verdad halagado. En fin, nos divertíamos ellas y yo, dábamos vueltas y así. Noté que Mario miraba a una de ellas casi sin parpadear. Miraba a la más bonita de las dos, así que siendo la más bonita, decidí abordarla primero para de ese modo lucirme también. Entonces nos dimos un buen encontrón, bastante acalorado, era bonita pero no para tanto, porque después una tercera incomparable mujer subió al ring.

Hasta  ese punto no sé si continuaba muy ebrio de la fiesta en la cual estuvimos antes, o si me habían puesto alguna droga en la bebida, pero de pronto las dos primeras chicas y yo estábamos desnudos de la cintura para abajo. La chica bonita me sujetó como pidiéndome más lucha y yo sonreí, noté entonces en ella, que entre las piernas tenía un pene, ¡un pene erecto! y la muy desgraciada me sonreía también... pero su sonrisa contenía cierto tipo de sinceridad, una sonrisa que más bien parecía una entrega verdadera. 

Escuché risas a la distancia desde "las gradas" y no pude más que seguir luchando hasta que pude someterla o someterlo boca abajo sobre las colchonetas. Entonces miré a mi alrededor y mientras con las piernas impedía que el travesti aquel se levantara, vi que la tercer chica que había subido al ring aún se encontraba allí. La llamé de manera un poco desesperada, y con la vista pude verificar que sus genitales correspondían al sexo femenino, ahora ella también se encontraba desnuda. 

Acudió a mi llamado, la sujeté de los hombros y sin más le dije que se quedara conmigo, entonces la besé. La abrace y la coloqué sobre de mí a horcajadas liberando al travesti al mismo tiempo en un fragmento de segundo. En los estatutos del juego aparentemente existía una regla tal que a pesar de luchar contra varias mujeres solo podías coger con una al final. La chica sobre mí pareció comprender mi predicamento y simplemente se quedó luchando conmigo fingiendo que me vencía. El travesti lloraba desconsolado a la distancia mientras alguien más lo sujetaba. Lloraba como si de verdad mi desprecio le hubiera roto el corazón. No sé de verdad cómo llegamos a ese sitio, Mario y yo.

Insensato

-Es un insensato, ¿dónde más podría haber vivido un insensato? Pobre muchacho.

Aparentemente toda la cuadra o en su mayoría la parte de afuera de la casa, mostraban los vestigios de un levantamiento. Había tenido lugar un enfrentamiento entre policías e invasores; entre granaderos e insensatos. La puerta del balcón fue forzada, quizá en un intento desesperado los paracaidistas trataron de entrar con violencia nuevamente. 

Rafael tuvo que andar con bastante inseguridad por el centro en contra de su voluntad, un poco a la deriva se separó de sus compañeros y no le quedó más que caminar hacia La Merced a regañadientes pues sabía que el paisaje entre rameras y drogadictos no le complacía. Después, unas cuadras más adelante, sintió cierto ánimo de pronto llegar a su destino a pesar de todo. 

Justo al cruzar la calle, un hombre se aproximó a él y con la nada en la cara, disparó un arma sobre su garganta y rostro sin dar explicación alguna. 

Rafael sintió el dolor de los impactos de bala, pero más que eso le dolió la incertidumbre de su muerte; la incapacidad de comprender la razón de la misma. 

-Es mentira...- Trataba de consolarse pensando aún. 

Siendo ya un organismo agonizante, enfrentó la última soledad y así, sabiendo que su vida terminaría en segundos, no atinaba la razón de esta interrupción. Atrofiado sobre el suelo recordó la frialdad en los ojos de aquel otro ser qué había huido ya, quizá alterado por alguna droga sintética había recibido a modo de pago una cantidad ridícula de dinero para detonar el arma pero, ¿Quién le había pagado y por qué razón? No importaba ya, en sus ojos había contemplado aquello que solo una vez en la vida puede ser contemplado.