Cita

"Uno escribe simplemente cuando tiene ganas de hacerlo: y un trabajo así es como la luz del sol, irradiando de una fuente de infinito brillo, y no como el fuego que sale al frotar un pedernal con el hierro o con la piedra. Sólo esto es verdadero arte. Y solo un escritor que así escribe es un verdadero artista"

Lu Shin, 
Una familia feliz (A la manera de Hsu Ching-Wen) 

Réplica

-¿Adivina dónde estoy Victoria? Planeaba pedirle a alguien que me tomara una foto con la nieve a mi alrededor pero finalmente no lo hice. Después de perderme un poco en el metro y descubrir que más personas de las que aparentan, hablan español; me encontré al lado de Marcela Ordaz. 

La forma de su cuerpo me pareció bastante mejorada, era un hecho que había trabajado firmemente. Sus nalgas eran elevadas y su espalda más que recta estaba curvada hacia el frente agregando un gesto de bravura a toda su imagen. Sus hombros estaban hechos una línea recta y ella toda era una maja, la combinación perfecta entre una belleza de aparador, y una mujer guerrera.

Hablamos trivialidades en su casa mientras ella inquieta iba de un lado a otro. Mencioné mi deseo de visitar a Camila pero no recordaba si se encontraba allí, en Toronto, o si seguía en Londres. Pensé brevemente en Jennifer pero poco a poco mirar la manera de dar vueltas de Marcela me distraía al punto de querer nalguearla en ese momento. Desgraciadamente la falta de costumbre podría haber malinterpretado esa acción y aunque creo que simplemente me hubiera sonreído, no lo hice. María (como le decíamos de cariño) tiró entonces sin quererlo una vasija de cristal mientras buscaba algo en un cajón. Rápidamente apareció su tía con la escoba en mano para levantar los trozos de cristal roto a la vez que la reprendía.
   
María se esfumó hacia otra habitación de la casa para después aparecer de vuelta con una mascada atada a la mano derecha, tratando de ocultar así el hilo de sangre que brotaba de su piel dañada. De pronto todo me pareció la réplica exacta de lo que había ocurrido justo diez años atrás, la última vez que nos vimos.

Cita: Para acabar con las biografías

Para acabar con las biografías
Sí, ¿Pero puede hacer esto la máquina a vapor?

Estaba hojeando una revista mientras esperaba que Joseph K., mi basset, terminara su acostumbrada consulta de cincuenta minutos todos los martes con un psicoterapista de Park Avenue (un veterinario junguiano que, por cincuenta dólares la sesión, se empeña en convencerle de que los mofletes no son una desventaja social), cuando, por casualidad, di con una frase al pie de la página que atrajo mi atención tanto como la notificación de un cheque sin fondos. Sin embargo, no se trataba más que de uno de esos artículos de las rúbricas pseudoculturales, tipo "Conozca usted la vida de" o "¡A que no lo sabe!", pero su evidencia me sacudió con la fuerza de las primeras notas de la Novena de Beethoven. "El sandwich", decía, "fue inventado por el Conde de Sandwich". Estupefacto por la noticia, la volví a leer y me estremecí con un temblor involuntario. Mis ideas se arremolinaron mientras evocaba los sueños, las esperanzas y los inmensos obstáculos que debieron acompañar el invento del primer sandwich. Se me humedecieron los ojos cuando miré por la ventana las centelleantes torres de la ciudad y experimenté una sensación de eternidad, maravillado por el lugar inextirpable del hombre en el universo. ¡El hombre, el inventor! Los cuadernos de anotaciones de Da Vinci se cirnieron sobre mí -valientes hipótesis para las más elevadas aspiraciones de la raza humana. Pensé en Aristóteles, Dante, Shakespeare. El primer folio de sus obras. Newton. El Messiah de Handel. Monet. El impresionismo. Edison. El cubismo. Stravinsky. E = mc2...

Me concentré con firmeza en la imagen mental del primer sandwich conservado en una vitrina del Museo Británico y dediqué los tres meses siguientes a la elaboración de una breve biografía de su gran inventor, el conde de Sandwich. Aunque mis conocimientos de historia no son muy brillantes y aunque mi capacidad para novelar los hechos supera por mucho la del común de los aficionados al ácido, espero haber captado al menos la esencia de este genio ignorado y deseo que estas notas sueltas induzcan a algún verdadero historiador a trabajar sobre él a partir de estos datos.

1718: nace el Conde de Sandwich en una familia de aristócratas. El padre está encantado por haber sido nombrado jefe herrador de Su Majestad el Rey, posición de la que disfruta durante bastantes años hasta que descubre que no es más que un herrero y renuncia amargado. La madre es una simple haus-frau de extracción germánica cuyo sencillo menú consiste esencialmente en manteca de cerdo y avenate, aunque a veces demuestra cierta imaginación culinaria al confeccionar un postre de natas, huevos, vino y azúcar.

1725-1735: asiste a la escuela donde aprende a montar a caballo, y latín. En la escuela toma contacto por primera vez con los embutidos y muestra especial interés por los cortes finos de roast-beef y de jamón. Para cuando se gradúa, esto se ha convertido ya en una obsesión y, aunque su tesis sobre "El análisis y los fenómenos concomitantes de la merienda de la tarde" llama la atención de los profesores, sus compañeros de estudio le consideran estrambótico.

1736: ingresa en la universidad de Cambridge, a instancias de sus padres, para seguir estudios de retórica y metafísica, pero muestra poco entusiasmo por los mismos. En constante rebelión contra todo lo académico, es acusado de robar pan y de llevar a cabo experimentos antinaturales con ese material. Las acusaciones de herejía determinan su expulsión.

1738: desheredado, se refugia en los países escandinavos donde, durante tres años, estudia intensamente el queso. Fascinado por la gran variedad de sardinas que encuentra, anota en su cuaderno: "Estoy convencido de que existe una realidad permanente, más allá de lo que aún ha podido lograr el hombre, en la yuxtaposición de los alimentos". A su regreso a Inglaterra, conoce a Nell Smallbore, la hija de un verdulero, y contrae matrimonio. Ella le enseñará todos sus conocimientos sobre la lechuga.

1741: residente en el campo con una modesta herencia, trabaja día y noche, apretando con frecuencia el cinturón para ahorrar y comprar comida. Su primera obra completa (una rebanada de pan, otra rebanada de pan encima de la primera y un trozo de pavo encima de las dos rebanadas) fracasa miserablemente. Desilusionado hasta la amargura, regresa a su estudio y vuelve a empezarlo todo de nuevo.

1745: después de cuatro años de frenética labor, está convencido de haber alcanzado la antesala del éxito. Expone ante sus colegas dos trozos de pavo con una rebanada de pan en medio. Todos rechazan su obra salvo David Hume, que presiente la inminecnia de algo grandioso y le alienta a seguir. Enhardecido por la amistad del filósofo, vuelve a su trabajo con renovado vigor.  

1747: en la miseria, no puede darse el lujo de trabajar con roast-beef o pavo y se dedica al jamón que es más barato.

1750: en primavera, expone tres trozos consecutivos de jamón, uno encima de otro, y hace una demostración que sólo despierta cierto interés en círculos intelectuales y que pasa desapercibido para el gran público. Tres rebanadas de pan apiladas aumenta su reputación y, aunque todavía no se evidencía un estilo maduro, Voltaire muestra interés por conocerle.

1751: viajes a Francia donde el filósofo-dramaturgo acaba de lograr interesantes resultados con pan y mayonesa. Los dos hombres se hacen amigos, y se inicia una larga correspondencia que termina abruptamente cuando a Voltaire se le acaban los sellos postales.

1758: su creciente aceptación entre los manipuladores de la opinión pública hace que la Reina le encargue "algo especial" con motivo de un almuerzo con el embajador de España. Trabaja día y noche experimentando con cientos de posibilidades y, por fin, a las 16 horas 17 minutos del 27 de abril de 1758, crea la obra que consiste en varias tajadas de jamón cubiertas, por encima y por abajo, por dos rebanadas de pan de centeno. En un golpe de inspiración, adorna la obra con mostaza. Es el éxito inmediato, y queda encargado para el resto del año de los almuerzos del sábado.

1760: cosecha un éxito tras otro creando "sandwiches", como se los denomina en su honor, con roast-beef, pollo, lengua y casi cualquier fiambre concebible. No satisfecho con repetir fórmulas ya tratadas, busca nuevas ideas y elabora el sandwich combinado por el cual recibe la Orden de la Jarretera. 

1769: en su residencia de campo, recibe la visita de los hombres más ilustres del siglo; Haydn, Kant, Rousseau y Ben Franklin se detienen en su casa, algunos disfrutando de sus admirables creaciones, otros con pedidos para llevar.

1778: aunque físicamente cansado, todavía investiga nuevas formas y escribe en su diario: "Trabajo hasta las altas horas de la noche y tuesto todo lo que encuentro en un esfuerzo por mantener el calor". A fines de ese mismo año, su sandwich abierto de roast-beef caliente provoca un escándalo por su franqueza.

1783: para celebrar su sexagésimo quinto cumpleaños, inventa la hamburguesa y hace giras personales por las grandes capitales del mundo preparando hamburguesas en salas de concierto ante numerosas y agradecidas audiencias. En Alemania, Goethe sugiere servirlas con panecillos, una idea que deleita al conde que, más tarde, dice del autor de Fausto: "Este Goethe es un gran tipo". Estas palabras deleitan a Goethe, aunque al año siguiente los dos hombres rompen su relación por una desavenencia en torno a los conceptos de crudo, medio cocido y cocido.

1790: en una exposición retrospectiva de su obra celebrada en Londres, sufre un súbito ataque de dolores en el pecho, y se supone una muerte inminente, pero se recupera lo suficiente para supervisar la construcción de un monumento al sandwich de barra promovida por un grupo de talentosos seguidores. Su inauguración en Italia produce serios disturbios y allí permanece incomprendido salvo por unos pocos críticos.

1792: cae víctima de un genu varum que no puede tratar a tiempo y fallece mientras duerme. Es enterrado en Westminster Abbey, y miles de personas presencian sus funerales. En esa ocasión, el gran poeta alemán Hölderlin resume sus logros con una manifiesta reverencia: "Liberó a la humanidad del almuerzo caliente. Todos estamos en deuda con él".

W. Allen en Getting Even, 1974.

Revelación

Hola.

Hoy me desperté con una mala sensación, no quiero hacer una carta que suene bien, intento ser honesta, lo seré. Creó que he sido cruel contigo aplicando el silencio como respuesta, sin proponermelo, lidiando con la frustración que me provoca este status, siento ganas de vivir muy lejos, y por otra parte la necesidad de no abandonarte.

Creo que he malentendido tu pesar, por llamarlo de una manera, si creí que se asemejaba a lo que le sucedía a David, hoy siento que se parece mas a mi propio pesar, todos tenemos una pena adentro, penita, o mas grande, y en la medida en la que he ido sintiendo que nos parecemos es que me va horadando.

Te quiero, si te quiero, mas allá de está relación, a esa personita, que parece muy lejos, al fondo de un alguien que la castiga constantemente, el dolor parece no tener recipiente, ¿no es cierto? En este tiempo de contacto amoroso, amoroso de pareja quiero decir, tengo un conocimiento que no puedo olvidar, eso que presiento de ti, como si mereciera la pena desnudarte verdaramente y ver algo nunca antes visto, en una naturaleza sin categorias, ni filias, ni pasión, y si no hay nada será como antes, como otras veces, ya lo hemos hablado, y me repito que estoy dispuesta a la decepción.

Cómo decirlo, el día que me encontré a mi amiga que ahora es mamá dijo que sentía una "dulce esclavitud" o algo así. Me desgarra alejarme, y entonces pido más tiempo.
Sufrir tal vez premia con una revelación, o un camino de cierto conocimiento, yo no lo sé, no tengo fuerzas para sostenerme en el sufrimiento.

Curiosamente, necesite de tu silencio para poder sentir con un poco de relieve y no en ese plano llano que es el rencor.

Ana


Un año más

Gustavo se miró al espejo y vio lo que toda la vida había visto, una figura casi tierna, frágil, insípida. Llena la cabeza de pegatina y el semblante casi triste, esperaba con ello aparentar cierta elegancia, y lo hacía, pero lo que de verdad sentía era el alma repleta de inseguridad. -Jamás he podido salir de aquí- pensó -jamás he logrado de verdad sentirme libre- se dijo mientras tocaba su rostro con su mano flaca.

De pronto volvió a su mente la imagen de sí mismo años atrás, del Gustavo que habitó alguna vez la casa de María Eugenia, que a modo de reprimenda en cierto momento ella le recalcó -No eras quien al llegar, anunciaste ser- Y sin embargo, hace un par de meses Gustavo había sentido precisamente todo lo contrario, desde su perspectiva ahora era ese, aquel que pretendió ser en otro tiempo.

Cumplía un año más. La existencia es un momento, compuesto de momentos que se diferencian claramente uno del otro y que no guardan verdadera continuidad entre ellos. La vida, más que una certeza, es una continua improvisación. Así uno improvisa haciendo, sin llegar a saber del todo cómo actuar. 

Gustavo creía ser, pero no era, creía saber, pero no sabia, de alguna forma creía existir, pero no existía.

Racismo Ecológico

Vivimos entre el albino y el negro, esto no se trata de razas, es solo el espectro en que podemos experimentar los tipos de lo humano, en el simple nivel de criaturas que somos, sobre el mundo. ¿Racismo? ¡Bah!

Noche de Luchas

Afuera todo me ha parecido bastante más nítido, ¿será que la lluvia se encarga de limpiar también el aire?- Dijo Rubén susurrando para sí mismo, pero como si lo hubiera dicho en voz alta Mario contestó -No lo creo, debe ser el asfalto mojado, le da mayor contraste a las cosas en general-. Ambos salían del lugar justo al despuntar el día, esperaron pacientemente al amanecer para marcharse de aquel sitio en el cual jamás habían estado antes, pero donde sabían en su interior que algo había ocurrido. Fueron conducidos allí la noche anterior por un taimado personaje que conocieron en la despedida de uno de sus amigos de la infancia que cambiaría pronto su residencia a la ciudad de Barcelona.

Eramos varios, visitábamos un putero o algo parecido. Había mujeres muy bellas, algunas no tan jóvenes pero muy atractivas. De pronto estábamos jugando a cierto juego, no sé exactamente cómo comenzó pero había un escenario-pasillo que fungía de ring con colchonetas sobre el piso donde uno a uno jugaba una especie de Lucha con cualquiera de las chicas, y si te vencían, te daban sexo. Como has de entender, nadie hacía un gran esfuerzo por luchar de verdad, y todo era una ridiculez muy divertida. 

La cosa era muy excitante no solo por luchar y coger, sino porque uno sabía que era observado por personas totalmente desconocidas, que quizá habían llegado al lugar por accidente también. Era lo más ilegal del mundo, eso es claro, pero estaba sucediendo. Y es que cuando fue mi turno dos chicas me enfrentaron, ¿te imaginas? ¡Dos chicas a la vez! Me sentí de verdad halagado. En fin, nos divertíamos ellas y yo, dábamos vueltas y así. Noté que Mario miraba a una de ellas casi sin parpadear. Miraba a la más bonita de las dos, así que siendo la más bonita, decidí abordarla primero para de ese modo lucirme también. Entonces nos dimos un buen encontrón, bastante acalorado, era bonita pero no para tanto, porque después una tercera incomparable mujer subió al ring.

Hasta  ese punto no sé si continuaba muy ebrio de la fiesta en la cual estuvimos antes, o si me habían puesto alguna droga en la bebida, pero de pronto las dos primeras chicas y yo estábamos desnudos de la cintura para abajo. La chica bonita me sujetó como pidiéndome más lucha y yo sonreí, noté entonces en ella, que entre las piernas tenía un pene, ¡un pene erecto! y la muy desgraciada me sonreía también... pero su sonrisa contenía cierto tipo de sinceridad, una sonrisa que más bien parecía una entrega verdadera. 

Escuché risas a la distancia desde "las gradas" y no pude más que seguir luchando hasta que pude someterla o someterlo boca abajo sobre las colchonetas. Entonces miré a mi alrededor y mientras con las piernas impedía que el travesti aquel se levantara, vi que la tercer chica que había subido al ring aún se encontraba allí. La llamé de manera un poco desesperada, y con la vista pude verificar que sus genitales correspondían al sexo femenino, ahora ella también se encontraba desnuda. 

Acudió a mi llamado, la sujeté de los hombros y sin más le dije que se quedara conmigo, entonces la besé. La abrace y la coloqué sobre de mí a horcajadas liberando al travesti al mismo tiempo en un fragmento de segundo. En los estatutos del juego aparentemente existía una regla tal que a pesar de luchar contra varias mujeres solo podías coger con una al final. La chica sobre mí pareció comprender mi predicamento y simplemente se quedó luchando conmigo fingiendo que me vencía. El travesti lloraba desconsolado a la distancia mientras alguien más lo sujetaba. Lloraba como si de verdad mi desprecio le hubiera roto el corazón. No sé de verdad cómo llegamos a ese sitio, Mario y yo.

Insensato

-Es un insensato, ¿dónde más podría haber vivido un insensato? Pobre muchacho.

Aparentemente toda la cuadra o en su mayoría la parte de afuera de la casa, mostraban los vestigios de un levantamiento. Había tenido lugar un enfrentamiento entre policías e invasores; entre granaderos e insensatos. La puerta del balcón fue forzada, quizá en un intento desesperado los paracaidistas trataron de entrar con violencia nuevamente. 

Rafael tuvo que andar con bastante inseguridad por el centro en contra de su voluntad, un poco a la deriva se separó de sus compañeros y no le quedó más que caminar hacia La Merced a regañadientes pues sabía que el paisaje entre rameras y drogadictos no le complacía. Después, unas cuadras más adelante, sintió cierto ánimo de pronto llegar a su destino a pesar de todo. 

Justo al cruzar la calle, un hombre se aproximó a él y con la nada en la cara, disparó un arma sobre su garganta y rostro sin dar explicación alguna. 

Rafael sintió el dolor de los impactos de bala, pero más que eso le dolió la incertidumbre de su muerte; la incapacidad de comprender la razón de la misma. 

-Es mentira...- Trataba de consolarse pensando aún. 

Siendo ya un organismo agonizante, enfrentó la última soledad y así, sabiendo que su vida terminaría en segundos, no atinaba la razón de esta interrupción. Atrofiado sobre el suelo recordó la frialdad en los ojos de aquel otro ser qué había huido ya, quizá alterado por alguna droga sintética había recibido a modo de pago una cantidad ridícula de dinero para detonar el arma pero, ¿Quién le había pagado y por qué razón? No importaba ya, en sus ojos había contemplado aquello que solo una vez en la vida puede ser contemplado.
                                                                

Sábado por la noche

Cómo disfruto bajar a la sala desierta del departamento, dejando esa escandalosa fiesta de azotea donde con nadie pude tener una conversación de más de medio minuto, divagando de aquí para allá ridículamente y casi con pena, cargando conmigo la esperanza de escuchar algo no escuchado, con avidez de ver algo no visto en los ojos de alguien no conocido.

¿Cómo no sentirme mejor ante un dispositivo móvil ahora que puedo cargar tantos libros de manera digital? un dispositivo que puede ofrecerme historias maravillosas y poner a funcionar mi cabeza de bastantes más formas que la cerveza y un amasijo de canciones trilladas hasta el polvo de los que fueron sus fanáticos en los 60´s y que gustosos murieron atiborrados de cuantas sustancias pudieron consumir. -Soy escritor- me dije con bastante sorpresa. Ese es mi papel, prefiero retraerme, retirarme. Prefiero leer a la gente, gusto de analizar

Si no fuera por Patricio, que necesitaba salir de su encierro, que tarde o temprano lo conduciría a darse un tiro en la cabeza creando un espectáculo bastante repugnante para su familia y para sus amigos, quizá sin duda hubiera faltado a esta fiesta y no por no felicitar a Carlos, sino por esta desazón que me cargo desde hace un par de días.

Últimamente siento que transito en aceite, que a través de mi pecho el aire atraviesa muy pesado, pero mi bicicleta me dice lo contrario -Puedes casi volar...- y lo dice en completo y delicioso silencio, característico de su mecanismo japonés. Viajo con un vaivén musical, sin ofrecer casi nada de fricción al pavimento. Son quizá las doce, es temprano pero no soporté más. Prefiero el viento nocturno en la cara. 

Y he esperado un poco antes de salir, a encontrar a mi hermano que ha venido desde lejos solo para abrazarlo y darle el mensaje de que una chica en la fiesta lo espera. He disuadido a mi amigo de su loca idea de suicidio, no creo que un hombre en bicicleta pueda hacer más por la humanidad un sábado por la noche. 

No tengo sueño pero me dirijo a casa, no dormiré, necesito tirarme en mi estudio, protegido por mis libreros para escuchar lo que alguien, dentro de mi cabeza, ha esperado durante tanto tiempo para decirme. 

Ratas

-Ya dejen de hablar tonteras por favor.   
-... ay si, ¡es obvio! 
-¡Si!, yo también opino que si fuera una rata me mudaría a la Condesa, la comida del basurero estaría más rica y no tendría que andar mordisqueado cualquier trozo de cartón.
-Bueno, una cosa es ser una rata y otra una cucaracha, pero ¿se acuerdan de esa ratota descarada? aún no lo creo, ¡pasearse por el altar, allí frente al santísimo mientras una trata de concentrarse en su trabajo! que miedo ¿vieron? y eso fue hace dos kilómetros, aquí deben de tener ratas igual de gordas.
-Bueno ya, camínenle. Con naturalidad... Con esa misma naturalidad ¡muestren cuanto aman la vida o cuanto la detestan!. Ya saben, sean ustedes mismas, muéstrense.
-Sí sí, tú y tus dotes teatrales.
-Bueno ya, no me contradigan y cállense.

Las tres jóvenes mujeres entraron a las sombras frescas del templo y persignandose como es debido, se arreglaron los respectivos velos. Se separaron y sentaron muy ordenadamente. Al interior se llevaba acabo una pequeña misa, algunos fieles hacían sus pedidos ante el altar desde distintos puntos del lugar. Momentos después, las mujeres hicieron algunas señas unas a las otras para ponerse en pie al unísono.

-A ver señora una caridad por el amor de Dios Santísimo- Dijo una de ellas, y levantándose la falda con discreción le mostró a la mujer el arma.
-¡Ave María! tenga...- Y le ofrece la bolsa completa.
-No señora, no quiero su horrible bolso, solo déme el dinero ¡pero rápido!
-Usted, no se dé la vuelta o disparo. Dijo otra de ellas mientras esculcaba por todos los bolsillos a otra víctima. 

Lo mismo hizo la tercera cómplice dentro de la iglesia. Entonces se escuchó un grito no esperado seguido de un disparo proveniente de otra parte. La víctima, una mujer que todavía no se había dado cuenta del asalto en la iglesia. 
La gente salió despavorida del lugar tropezando unos contra otros mientras los que aún hincados, trataban de incorporarse. Una de las bancas comenzó a llenarse de sangre a la vez que la mujer asesinada parecía dormir plácidamente sobre su costado izquierdo, a pesar de haber recibido el impacto casi en la coronilla. Nadie se acercó a ella, y a nadie pareció importarle dejarla allí. Las tres mujeres asaltantes fueron las primeras en salir corriendo.

Desde el coro un hombre miraba la escena. Parecía más tranquilo de lo que la situación ameritaba, no se movía en un principio y aparentemente no se había movido desde el inicio del robo. Entonces el hombre levantó los brazos después de ocultar algo en su levita, y comenzó a orar a ojos cerrados.

-Señor, perdónanos. Perdona a estas almas... bien sabes que entre todos los portentos de la naturaleza no hay criatura más prodigiosa, y a la vez más infernal, que el hombre. He esperado este momento toda la vida, te lo agradezco infinitamente-.
Y dando medio paso hacia adelante, el padre dejó su cuerpo caer. Este fue atraído sin fuerzas hacia el vacío. El ruido de los huesos y la piedra fue breve. Convergió entonces la sangre de ambos cuerpos. 

La iglesia quedó vacía, afuera había un gran alboroto, pero dentro aún olía a incienso. El sol resplandecía hacia dentro a través de los vitrales, en el interior se respiraba paz y tranquilidad.

Zopilote

Un zopilote entra caminando al escenario. Con la cabeza a gachas busca un poco de carroña sobre la duela moviéndose cautelosa y tímidamente como si se sintiera observado mientras la luz se concentra en su cuerpo negro y la audiencia lo mira en silencio.

-¡¿Cuál es tu nombre?! Pregunta el Director de la obra mientras permanece sentado con seguridad sobre su silla... El zopilote responde con timidez. A lo que el director contesta: -Me suena familiar, aunque no hay muchos con ese nombre... 

...Si si, ya lo recuerdo, trabajé con un zopilote que llevaba ese mismo mote hace algunos años ya. ¡Era parte de la Asociación Nacional de Teatro, uno de los buenos, Expresa el director. -Ay y cómo le fascinaba la Tragedia... agrega finalmente.

Carcajadas enormes comienzan a surgir desde el escenario en crescendo, el Director se levanta complacido y mirando a su equipo de actores los insta a bailar. Todos realizan un baile sin sentido frente al animal. Chocan uno contra otro, se persiguen, muerden, congregan, abrazan y congelan a la voz del Director. 

El zopilote, algo asustado y nervioso comienza a reír también. Danza elegantemente y mira las reacciones circundantes. Una vez que sabe que tiene la atención de todos, se aproxima al Director y lo rodea. Camina en círculos al rededor de él, en lo que parecen infinitas vueltas, desafía así su autoridad. Ambos entran en una discusión acalorada que tampoco parece conducirlos a ninguna parte mientras los demás actores escuchan atentamente. Al mismo tiempo este dueto hace entender a la audiencia que todo es parte del espectáculo.

El zopilote ríe, ríe y ríe, para después gritar a todo pulmón desde la ventana del edificio, dejando boca abierta al Director por la sonoridad de su graznido. 

A la distancia y desde el parque un hombre que parecía atento al grito contesta con otro alarido enorme, con la variante de que al hacerlo, pronuncia la palabra: ¡¡¡¡GOOOOOOL!!!!

La audiencia Ríe complacida.

Soltando Amarras

Fabiola dice que cada vez que entra en "cierto estado de comodidad" se ve obligada a hacer una transformación intencionada, necesita hacer algo para no volverse cuadrada, floja, aguada. Ahora ella y Carla viven juntas en un lindo departamento en el centro, se mudó con ella para estar cerca de eso que ambas llaman la familia. 

Con cierta violencia ha preguntado ¿Por qué se aferra el viejo a ese lugar? Y el único filósofo en la habitación ha respondido que precisamente ese lugar podría ser una comunidad de primer mundo, pero que de cualquier forma es una mierda, porque ¡la gente allí es una mala mierda!

Entonces pienso en mí, y descubro el arraigo que tengo a la vieja casona y los vecinos de mierda que me acompañan a través del tiempo, de su historia y la mella que sin querer han causado sus sonidos en mi rutina de escapista social.

Vida Eterna

A fin de cuentas siempre quedo solo, solo, solo...
Me agradan, me dan risa, podrían hacerme llorar, me recuerdan a mí mismo. 

Quizá de verdad existieron aquellos seres en cierto tiempo, y se dieron cuenta que la existencia era y sería lo mismo si vivíamos 50 o 550 años, tarde o temprano habríamos de renunciar a la vida. 
  
Soy todo y nada al mismo tiempo

-¡Nada de Vampiros! ¡Los católicos son los extraterrestres!- dice Patricio en su casa, bastante enojado porque nada pasó en la dichosa fecha maya del fin del mundo. En realidad muy pocas veces ocurre algo que no queramos que ocurra en nuestras vidas.

Un abuelo me contó que tuvo un infarto el octubre pasado. Quizá es debido a eso que he sentido ese pequeño desencanto de la vida, como si la fuerza de los mayores nos llegara por inercia y a la vez, su fluctuar nos afectara. ¿A caso alguno falló en encontrar una fuente de la vida, si no perpetua, durable? ¿A caso alguno de nosotros la encontrará?