Tienda de antigüedades

Frankie tuvo un sueño donde entraba a una tienda de antigüedades. Un hombre de cabello cano le preguntaba cuál de todos sus objetos le resultaba más atractivo. Entre la innumerable cantidad de ellos, ella divisó un enorme cuadro. 

—¡Ese! –respondió con seguridad.
Muy bien –dijo el anticuario– pero... ¿De verdad estás lista? ¿Para conocer al amor de tu vida? ¿A la persona que será tu compañía para el resto de los años? ¿A quien amarás y te amará de igual forma, incluso hasta la muerte?

    —Sí –respondió serena por fuera, pero muy nerviosa por dentro.

Entonces el anticuario acercó el marco aquel para que ella pudiera mirar en el interior. 

Frankie encontró a un ser hermoso e intrigante, y aunque se trataba de su propia imagen en un espejo reflejada, era como si no se reconociera, como si nunca antes se hubiera mirado de esta forma. Ella misma, tan singular. 

Así, se acomodaba el cabello, se acariciaba el rostro lentamente. Estaba fascinada.



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