The Beatitudes

Lisbeth lanzó con fuerza al gato hacia arriba de tal forma que sus patas permanecieran hacia abajo para lograr que su espina y cabeza impactaran directamente contra el techo. Al caer el animal corrió despavorido como solía ocurrir cuando cualquier manifestación de violencia por parte de su dueña emergía. En su camino quedaron algunas diminutas gotas de sangre felina. Apartir de ese momento, Lisbeth dejó de sentir "las sensaciones".

-El día es un día hermoso y trae consigo bendiciones- Dijo Toño cuando nos halló sentados junto a la mesa en el café de la Cibeles. Su rostro, e incluso su cabeza toda, me parecieron más viejos y su piel más decolorada por esa enfermedad de la cual no recuerdo el nombre ahora. Se despidió de nosotros y lo vimos alejarse con su instrumento en mano, con su bien conocida "mano engarrotada", que solo se despliega para arpegiar las cuerdas de su guitarra.

Toño morirá un día, en su andar errante sobre el concreto de la ciudad, perecerá apretando los brazos. Con su mano izquierda sujetará la guitarra, y con la derecha tomará la nada de la cual sus tendones pretendieron asirse inútilmente bastante tiempo atrás...

El día de hoy también era un día hermoso Pensó Lisbeth arrepintiéndose de haber lanzado al techo el gato. Entonces dejó de sentir "las sensaciones", o lo que Antonio había nombrado el día anterior como "bendiciones" cuando la encontró a ella y a su novio en el café.

-No ha vuelto el gato aún pero sé que vendrá. Por ahora solo se me antoja pensar en una cosa. Es increíble cómo podemos recordar el sabor exacto de una boca, y podemos por tanto decir: "Se me antojan los besos de mi novio", ó "Recuerdo bien los besos de Pablo" o los de Mario, pegajosos, o los de Arturo, acuosos...