Réplica

-¿Adivina dónde estoy Victoria? Planeaba pedirle a alguien que me tomara una foto con la nieve a mi alrededor pero finalmente no lo hice. Después de perderme un poco en el metro y descubrir que más personas de las que aparentan, hablan español; me encontré al lado de Marcela Ordaz. 

La forma de su cuerpo me pareció bastante mejorada, era un hecho que había trabajado firmemente. Sus nalgas eran elevadas y su espalda más que recta estaba curvada hacia el frente agregando un gesto de bravura a toda su imagen. Sus hombros estaban hechos una línea recta y ella toda era una maja, la combinación perfecta entre una belleza de aparador, y una mujer guerrera.

Hablamos trivialidades en su casa mientras ella inquieta iba de un lado a otro. Mencioné mi deseo de visitar a Camila pero no recordaba si se encontraba allí, en Toronto, o si seguía en Londres. Pensé brevemente en Jennifer pero poco a poco mirar la manera de dar vueltas de Marcela me distraía al punto de querer nalguearla en ese momento. Desgraciadamente la falta de costumbre podría haber malinterpretado esa acción y aunque creo que simplemente me hubiera sonreído, no lo hice. María (como le decíamos de cariño) tiró entonces sin quererlo una vasija de cristal mientras buscaba algo en un cajón. Rápidamente apareció su tía con la escoba en mano para levantar los trozos de cristal roto a la vez que la reprendía.
   
María se esfumó hacia otra habitación de la casa para después aparecer de vuelta con una mascada atada a la mano derecha, tratando de ocultar así el hilo de sangre que brotaba de su piel dañada. De pronto todo me pareció la réplica exacta de lo que había ocurrido justo diez años atrás, la última vez que nos vimos.